EL MONSTRUO DE LAS PROFUNDIDADES (Parte 4/5)

 

Hay que regresar al barco sin hacer el menor ruido posible.

Empezamos a notar un temblor muy sutil. Algo que viene de las entrañas de la isla. Empecé a notar que una fuerza me llevaba la mano a agarrar la espada.

—Llévame con vosotros por favor. Puedo ayudaros a matar al Kraken.

—Puede ayudarnos a matar al kraken si la sacamos de aquí…—empecé a decir. Casi ni tenía muy claro qué era lo que estaba diciendo.

—He estado demasiado tiempo aquí abajo. Necesito sangre.

 El capitán me arrancó la espada de las manos y finalmente se la guardó para que nadie más la tocara.

—Estaos puto quietos. Esto no es un puto juguete. —Empezó a notar unos golpes metálicos en su cabeza.

—Escúchame león.

—A ver, habla.

—Las manos de la mujer saben sujetar una espada ¿o sabes hacerlo tú?

—El que maneja aquí las armas, soy yo.

Yo también sé.

—Bien. Voy a sellar un pacto con vosotros. Yo necesito sangre y salir de aquí, vosotros matar al kraken.

—Ajá.

—Os puedo ayudar a cambio de salir.

—Ya.

—Necesito alguien hábil que me empuñe.

—Entiendo.

—Te daré poderes.

—Ya. No, no, eh…que claro, sí. Cómo no. ¿A cambio de? ¿sangre? Te sacaré de aquí, pero de momento no hay pacto.

Volvió a cerrar el escudo, pero esta vez la espada no dijo nada más. Por el momento había conseguido salir. Resumió lo que le dijo: si la llevaba con él le daría poder a cambio con un pacto.

Pero quiero mi cita.

—Le preguntaré.

Por fa.

Es-estamos encima…del kraken chicos…—dije con risa nerviosa.

—Deja que el pobre Huesitos…

—Pero si palmamos no habrá cita.

—Por eso. Ya preguntaré. ¡Vámonos de aquí!

—Sí por favor. Que me está dando yuyu.

¡Con prisa pero en silencio!

Escuchamos a Darminia llamar al capitán. No era una persona que se asustara y empezó a tener miedo. Volvimos corriendo y vimos que tenía su hacha en la mano. Señalaba algo detrás de nosotros. Unos tentáculos gigantes. Damocles y yo queríamos volver al barco y Darminia dejó claro que era la mejor idea.

¿Al interior de tierra? Propuso Damocles.

—Los que voten volver al bote que digan “yo”. —Propuse yo después de mi compañero.

Vote, vote…quien quiera irse al interior de la isla a un lugar seguro. —Levantó la mano.

—A ver… ¿por qué cogemos este tipo de misiones? —se quejó Kovu.

Necesitamos dinero para mantener el barco.

—¿Para qué necesitamos dinero si estaremos muertos?

¿Y si no morimos? Quiero decir, yo ya estoy muerto. No me importaría morir otra vez.

—Nos prometieron ser señores feudales de una parte del reino.

—Entonces lo entiendo.

¿Señores feudales? ¿eso se come?

—No. Pero mandas mucho. —Expliqué.

Mandar mucho. Al capitán le gusta mandar.

—Chicos atentos por favor, hay un kraken. —Lo señaló—. ¡MIRADLO!

—Te estoy diciendo que los kraken manejan los rayos. —Gruñí.

Creí que solo hacían remolinos. ¡Qué polifacéticos!

—Rivalizan con los dragones. Así que… ¿qué hacemos capi?

—A lo que hemos venido.

¿No habría que urdir un plan?

—Sí. Liarnos a mamporros.

¡Qué buen plan!

—Seh…me encanta.

Damocles quería saber qué opinaba la espada, pero Kovu no parecía muy convencido de usarla por lo que no me costó mucho convencerlo de que no lo hiciera. Él mismo dijo que no quería darle mucha voz en el asunto.

Quizá sepa alguna estrategia. Ella sabe de estrategias.

¿Sabes algo de la espada? —preguntó el capitán.

Ella dijo algo de eso.

—Es lugarteniente de un liche…—recordé.

Empezó a hablar con la espada sobre una forma de acabar con el kraken. Al menos evitar que no muramos. Kovu finalmente le dijo que necesitaba a alguien que la empuñase y la espada le respondió que él necesitaba poder para destruir al monstruo.

—Si muero no te podré empuñar.

—Capi…—susurré.

—¿Cómo podemos combatir contra él?

—Traerlo a tierra firme. Puede respirar bajo el agua y en el aire. Pero su mojo está en el agua. Si lo traéis a tierra firme podréis con él.

—¿Cómo atraemos al kraken a tierra firme?

—Los kraken son criaturas inteligentes. Parecen dragones así que claro, buscará poder. Son tan avariciosos o más que los dragones. Atacó a los monjes porque quería la espada. Capi, tenemos al cebo. —Señalé la espada—. Esa espada amiga tuya.

—“Amiga”.

¿No le podemos dar oro?

—Quiere la espada. Quiere poder. De hecho, quiere para él cualquier cosa que pueda destruirle para que eso no pase. —Continué.

—Suena convincente.

La espada me debe una cita. No podemos dársela. Hace siglos que no tengo una.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó el capitán a Damocles.

Cuento que…unos 200.

—Yo te echaba cinco —susurró—em…entonces, tu idea me gusta.

—Lo sé.

—Te la robo. —Me quedé mirando a Kovu y sonrió—. Vale, vale…es tuya, es tuya.

—Te la doy. Así si sale mal es culpa tuya.

—Te pondré en los créditos. —Me señaló.

El monstruo empezaba a saber que estábamos ahí pero que no teníamos la espada. Así que el capitán subió al campanario y empezó a golpear la campana mientras le enseñaba la espada.

Pero yo quiero mi cita con la espada.

—A ver…aquí dice el Huesitos que quiere una cita contigo. ¿O era para atraerlo?

—La última vez que tuve una cita con un no muerto no acabó demasiado bien.

—Vaya. ¿Le romperá el corazón?