EL MONSTRUO DE LAS PROFUNDIDADES (parte 2/5)
Algunos estaban en posición fetal, otros sentados, otros rezando como si hubieran sido sus últimas horas. Había platos de haber comido. Gente que se resguardó y acabó muriendo. Damocles, intentó averiguar de qué habían muerto. Mucho antes de que la estructura se derrumbase. Algunos sacos están abiertos y otros rajados y llenos. Cuando esta gente se murió el grano ya debería de estar podrido por lo que murieron de hambre.
Muerte por inanición. Extraño que no
se hayan convertido en momias. Aunque con la humedad que hay aquí…
—Si no están malditos…—opinó Kovu.
Bueno. Les ponemos unos pantalones.
—¿Por qué iba a malgastar ese
material? —preguntó el capitán ante la propuesta de su segundo al mando.
¡Mano de obra!
—Visto así… —dije.
—Mano de obra. Si son muertos.
¿Y yo, qué?
—Tú estás vivo.
¡Pero maldito!
—¡Pero estos no! Estos son muertos
sin malditos.
Aaaah
—Creo.
Vimos a uno de ellos con un libro.
—Allá que voy.
—Ese es el tipo de información que
estoy buscando. —Señaló el capitán.
ESTAMOS
—Estamos… ¡vosotros no buscabais
nada, cabrones! ¡queríais acampar!
¡No! Nosotros queríamos un sitio
seguro.
Kovu cogió el libro de las manos
muertas del esqueleto. Estaba tan agarrado a él que acabó arrancándole los
brazos a la altura de los codos. Le sacó los huesos y se los pasó a Damocles.
Repuestos… ¡Eh! Son un poco pequeños.
—Se quejó al
compararlos con los suyos. Eran brazos un poco más largos. —Me vienen un
poco grandes.
—Podemos usarlos para pegar.
—Dios, —gruñó el leonino—¿de verdad os
recluté yo?
No sé. Tú dime.
Hizo memoria, pero sí. Fue él y
maldijo el día. Entonces, dijo qué era lo que buscaba.
—¡Quería un clan! —hizo una pausa—.
¡Con casinos, y furcias!
¿Qué es una furcia?
—¡Tú no, desde luego! —seguía
quejándose.
—No. Ni yo. —Esta vez fui yo la que
se quejó.
Mientras el capitán se estresaba
Damocles me preguntó qué era una furcia y le di una definición sencilla para
ver si la entendía.
¿Qué es una furcia?
—Son mujeres que venden su cuerpo a
cambio de dinero.
No tiene sentido. Solo puedes vender
un brazo una vez.
—No, no. No de esa manera…
Y eso que son…
Con un sonoro carraspeo el capitán
nos mandó a callar y empezó a ojear el libro. Era un libro de salmos. Nos
arrimamos para ver qué era. Además, en los márgenes había anotaciones en el
idioma común. Eran anotaciones sobre los últimos días como si se tratase de un
diario. No tenían otra cosa en la que escribir. Kovu lo leyó y se trataba de
una sola semana. Seguramente lo que aguantaron.
—Es solo una semana. Parece el diario
de cómo murieron…
El cuerpo humano puede resistir siete
días sin comida, pero solo tres sin agua.
Se hizo un largo silencio hasta que
Damocles se dio cuenta de que el capitán estaba mirándole.
¿QUÉ?
—Nada. Que para no tener memoria tienes unos conocimientos
muy amplios.
Illo que no tenga ojos no significa
que no sepa leer.
—No, no. Memoria.
¿Eh?
—En fin.
La caligrafía era bastante horrible y
nos estaba costando mucho descifrarlo y además era un común muy antiguo que
costaba interpretar. La tinta tampoco ayudaba mucho por su estado de
conservación. Sin embargo, podíamos entender algunas palabras sueltas.
—No se entiende mucho. ¿Qué entendéis
vosotros?
Lo mismo que tú.
—Nada.
—¿Pero de qué vais?
No se entendía de ninguna manera. Cuesta
leerlo seguido, pero había palabras que se leían bien. Al parecer enviaron a
alguien en busca de ayuda, pero no había contestación. Esto último se repetía
durante varias páginas hasta que, finalmente, se podía leer “es el fin” y
luego, “ha despertado”.
—Nos quedamos igual que como hemos
venido. —Suspiró Kovu. Entendimos que enviaron a alguien, pero no regresó.
El capi cogió el libro de todas
maneras y se lo guardó en la bolsa por si acaso podía seguir leyéndolo más
tarde o por si encontrara algo extra que no veíamos ahora. Después, siguió
investigando un poco más para ver si veía algo que llamara su atención o si
decidía que nuestra búsqueda había terminado ya en ese sótano. Pero la gente
era muy austera y vivían muy retirados. Encontró algo que guardaban con ahínco
y recelo. Otra trampilla que continuaba bajando más.
—Un momento… ¿qué es eso de ahí?
—Yo no veo muy bien ¿qué hay?
Me iluminó con la espada una
trampilla.
Yo solo veo harina.
—¿Orina? —pregunté.
Sacos de harina. Polvo blanco.
—Yo también he entendido orina.
Abrimos la otra trampilla. ¿Qué podía
salir mal? No podía ser una trampa y podía ser una salida. Había más escaleras
que conducían a otro sótano.
¿Repetimos jugada?
—Aquí son de piedra. —Observó el
capitán.
Asomó la cabeza y pasó la espada para
iluminar la estancia. Bajó algunos peldaños para ver qué podía encontrar.
—¿No tenéis la sensación de que ese
kraken puede atacarnos en cualquier momento? —pregunté empezándome a asustar un
poco.
—Sí. Por eso mismo hay que encontrar
algo para luchar contra él.
—Es que…el calambrazo de antes en el
agua…
El bicho se acerca. Mal presagio.
—Quiero decir, que no nos pille en el
agua.
Y aunque nos pille en tierra. Debe
tener un alcance del averno. Tiene tentáculos. Si yo tuviera, podría darle una
hostia a alguien desde la otra punta.
—Y son bastante grandes. —Siguió el
capitán.
Tras buscar durante un rato
encontramos lo que parecía un milagro. Lo que parecía un objeto mágico que era
más o menos lo que queríamos encontrar. Al llegar abajo llegamos a una sala más
pequeña con una vitrina. Dentro había una espada negra como el azabache.
Notamos un aura oscura. Huele a muerto y a muerte. Aquello no acababa de
gustarme por lo que decidí investigar más a fondo. Noté que el aura me helaba
la sangre y supe que era la legendaria espada de Kas.
—Es la espada legendaria de Kas.
—¿Kas?
¡Guau esa es la espada de KAS! ¿el
músico kenku?
—¿Quién es Kas?
—Kas…fue el lugarteniente traicionero
de Vecna. El que le cortó la mano y arrancó un ojo. Con esa espada es con la
que le amputó la mano.
¿Está vivo? —gesticuló antes de darle unos
golpecitos con sus dedos huesudos.
—Vaya…eh…será peligroso coger esto.
Desde luego.
—Hay historias de maldiciones. Esa
espada tiene propiedades beneficiosas, pero también bastante perjudiciales y
malas.
—No tiene vaina…me la llevaría, pero
no la tocaría mucho.
Yo ya estoy muerto.
—Ese es un problema.
Es un beneficio.
—Puede ser incluso peor. Porque puede
que incluso sea más fácil que te controle si es algo chungo.