EL MONSTRUO DE LAS PROFUNDIDADES (Parte 1/5)

 

25-6-2023

EL MONSTRUO DE LAS PROFUNDIDADES

Estábamos a bordo del Titán, nombrado así a petición popular. Nuestro capitán quería llamarlo Lady Eufrasia como su amor de la infancia de los libros. Estábamos en una misión heroica.

—¿Héroes? —preguntaron al unísono el capitán Kovu y Damocles, nuestro querido segundo al mando esqueleto mudo.

—Somos piratas. —Corrigió el leonino.

Somos un grupo de infames y famosos lobos de mar, corsarios. Hacía tiempo que se escuchaban rumores de que la bestia había despertado de su sueño y ahí estaba. Como dijo Kovu, sin anestesia. ¿Puedes imaginártelo? Un monstruo enorme.

Nadie estaba preparado para luchar contra lo que parecía un dios, un kraken. Considerados casi dioses. En nuestra travesía conseguimos luchar contra el culto de este monstruo que asolaba nuestras tierras y conseguimos información de dónde estaba su madriguera. Escondida en una isla perdida en el océano y donde nadie quiere navegar por sus brumas. Un sitio donde se han visto icebergs, hielo, un sitio muy frío del norte donde puede haber trozos de hielo más grandes e incluso pueden vivir los gigantes de hielo. No hay nada, todo es desértico y muy frío.

Desde el barco vimos cómo se diluía la bruma conforme nos acercábamos al destino. Damocles pudo ver a través de la niebla la costa y unas ruinas. Ruinas en un sitio desolado y devastado. ¿Qué clase de gente viviría allí? Él no tenía constancia de que hubiese civilizaciones más allá de los puntos geográficos cartografiados en los mapas tradicionales. Pero tampoco supo decir a ciencia cierta qué tipo de estructuras son. Se acercó al capitán, y dio un par de palmas con sus manos huesudas formando “ruinas” y señalando una dirección. Kovu también dirigió la mirada hacia el lugar al que apuntaba nuestro compañero. Aunque gesticulaba porque no podía hablar, eran muchos años juntos por lo que ya lo entendíamos.

Vimos algo firme a la lejanía y Kovu le dio la orden de acercarse a las ruinas. Notamos una brisa gélida, empezó a llover y venían rachas del norte con aguanieve. Damocles me miraba.

¿Has sido tú? Gesticuló.

—¡No! Aún no. —Me reí.

Empezaba a ser preocupante. El ambiente estaba cargado, aparecían nubes de tormenta amenazadoras.

Illo, illo. Esto es peligroso. Mejor atracar rápido o echar el ancla. Advirtió nuestro segundo al mando al capitán.

Al tener control sobre el clima, pude hacer que el granizo se volviera agua justo cuando las piedras heladas nos iban a golpear. Kovu ordenó atracar en mar abierto y nos acercaríamos en barcas a la isla. No quería que al barco le pasara algo, se golpeara contra las rocas o cualquier desastre. Muy grande por lo que sería difícil sacarlo de allí si quedaba atrapado.

Usé el hechizo de moldear el agua para poder controlar mejor este elemento y poder llegar a salvo a la playa.

—Vireya, Huesitos…y Pedro. Venid. —Pedro era un enano bucanero del Titán. Tenía una petaca en la mano, dio un trago y respondió. Cogimos una barca.

Kovu la desamarró, metió provisiones y nuestros objetos para poder acampar en la isla. Después nos montamos y bajamos. Al tocar el agua notamos un ligero chispazo.

—¡Guau! —exclamé—. Uf… ¿qué ha sido eso?

Capitán algo le pasa al agua.

—Seguro que es el kraken…sabemos a lo que venimos y…domina la electricidad. ¡Remad rápido! Lleguemos a las ruinas lo antes posible. —Pidió el leonino.

El oleaje estaba embraveciendo y me estaba costando mantener el ritmo porque no podía estar en dos cosas a la vez. Una ola grande chocó y estuvo a punto de volcarnos. Pude ver a mis compañeros en perpendicular y la turbidez del mar.

Cuando llegamos dejamos el bote en tierra firme y después recogimos las cosas que nos llevamos del barco. Damocles y yo echamos una mano a Kovu con todo. Después, el capitán echó un vistazo en general para ver qué había en la isla. Vimos lo que parecía una abadía con una ermita muy maltrecha. Alrededor había estructuras de lo que parecían haber sido casas. Quedaban unas siete estructuras, pero solo quedaba la ermita en pie. Del resto, solo quedaba la base. Por la estructura, parecía ser la única civilización de la isla por el clima frío y muy alejado de absolutamente todo. Seguramente no había ninguna aldea más. El viento ululaba entre las ruinas y todavía quedaba la campana de la ermita movida por la inercia con un suave y tétrico tintineo.

—¿Lo habrá destruido el kraken? —pregunté.

—Por hacer conjeturas podrían haber sido hasta sus oradores. Lo mejor que podemos hacer es acercarnos a esa ermita y encontrar algo. Yo voy.

Voy con él.

La ermita estaba de cara al mar y tuvimos que subir por una ladera durante un par de horas. La perspectiva nos engañó. Teníamos que subir con cuidado porque era un camino muy estrecho con trozos de hielo por el camino. Todo estaba mohoso y derruido. Kovu se acercó a la ermita. La puerta que fue de madera ya no estaba, y la que quedaba estaba podrida y parecía estar a punto de ceder en cualquier momento. No había techo. Solo las paredes y algunos trozos de viga y el campanario que había visto tiempos mejores.

—Capi ¿qué buscamos exactamente?

—Cualquier cosa que nos pueda servir. La verdad es que no lo sé.

—O nos podemos encontrar adoradores.

—No. No lo creo tal y como está todo. Me refiero a que quizá lo adoraron aquí y puede que haya algún objeto que nos pueda servir. —Aclaró el capitán.

—¡Pues voy a echar un vistazo! —dije con visible entusiasmo.

Kovu y yo empezamos a buscar. Él sospechaba encontrar alguna trampilla ya que era una ermita y seguramente debería tener. Damocles decidió montar guardia por lo que pudiera pasar. Tal y como sospechaba encontró una trampilla debajo de lo que podría haber sido el altar. Abrió la trampilla y le dio un desagradable olor a cerrado.

—Me encanta este olor.

¿A qué huele?

—A viejo.

…Ah

Afortunadamente Kovu trajo una cuerda que le daba más confianza que las escaleras de madera. Él mismo comprobó que no tardarían en romperse. Cogió una roca del tamaño de una pelota y la dejó caer a una altura considerable sobre el primer escalón. El primero crujió, en los otros había más humedad por lo que en cuanto hizo rodar la roca, los otros escalones empezaron a resquebrajarse hasta que el cuarto, se rompió.

—¿Tenemos…que bajar por ahí? —pregunté mirando hacia la oscuridad de la trampilla con una cuerda como única forma de hacerlo.

No. Espero que no, ¿no?

No, ¿no? —repetí.

—Sí, claro. ¿Qué queréis hacer aquí arriba?

Estar aquí a salvo.

—Si queréis bajo yo solo.

Ambos dijimos que no a la vez. Pero Kovu insistió.

—O con Pedro. Él es un hombre de verdad.

—Claro que no soy un hombre, capitán. —Agarró la mano del capitán y se la llevó al pecho. Una mujer con barba.

—Bueno. Es una enana de verdad. ¡Como dios manda!

Espera. Si no te llamas Pedro ¿cómo te llamas?

Yo siempre he pensado que te llamabas Pedro.

—Nunca me has preguntado el nombre, capitán. Me llamo Darminia II. Mi padre se llama Darmani XIV.

—Bueno… ¡pues Darminia tiene un par…! De tetas…

¡SÍ! Porque está viva.

—Ya está capitán. No vayas por ahí. —Intervine tras estar un rato sin decir nada.

—Qué tripulación… —suspiró Kovu.

Bajamos por la trampilla. El capitán ató la cuerda a la estructura del altar que sería lo suficientemente fuerte tratándose de piedra pura e incrustada en el suelo. Tras hacer un buen nudo, lanzó la cuerda por la escalera y tras comprobar el nudo, empezamos a bajar haciendo rápel.

—Bueno Darminia. Vigila la entrada por si acaso. No creo que pase nada. Cualquier cosa, grita.

Finalmente bajamos al sótano. No tenía ningún hechizo para ver en la oscuridad por lo que el capitán sacó su espada y del mango emergió una luz parecida a la del sol.

¡Oh!

—¡Oh! —Damocles y yo empezamos a aplaudir.

Vimos un almacén de provisiones. Los sacos eran de grano podrido, las tinajas si eran de agua estaba en muy mal estado y si fueran vino, sería muy, muy añejo, cuerda, cirios…y vimos esqueletos.

¡Eh! ¡un primo mío! —bromeó Damocles.