CAZA EN VAÉLTICA (Capítulo 5 y final)
CORAZÓN
NEGRO
Pasó
un mes desde la última cacería y desde que aquel noble nos diera una
recompensa. Sin embargo, ese mes ha sido un poco tenso, aunque esa tensión ha
servido para construir murallas. Para repeler hordas pueden ser útiles, pero
para algo más grande, no servirán de nada.
Durante
los ataques que se sucedieron propuse levantar las defensas y una guerra de
guerrillas donde las escaramuzas tuvieron resultados favorables y conseguimos
debilitar al ejército enemigo. No hay nada como jugar en casa y, además, Yeros
y sus animales también ayudaron mucho, aunque el enemigo se cobró muchas bajas.
Finalmente, también dispusimos de algunas treguas que nos sirvieron para
prepararnos mejor para lo que tenía que venir. El enemigo siguió avanzando y
acampó lejos, pero lo suficientemente cerca como para que Yeros pudiera
distinguir de qué estaba compuesto el ejército.
“Humanos,
dracónidos y medianos.” Observó el druida, “Tengo un plan pero no sé si servirá
ni si gustará la idea.”
Explicó
su idea. Se acercaría al enemigo ahora que descansaba para atacar primero junto
a un gran número de animales. Sabíamos que no iba a salir bien, así que
decidimos acompañar a nuestro compañero. A los compañeros no se les abandona.
Las
escaramuzas volvieron a repetirse obteniendo una victoria aceptable, pero con
varias bajas y la segunda horda, la conseguimos repeler con más éxito que la
anterior. Los animales no aguantaron mucho como era de suponer, pero
consiguieron ralentizarlos lo suficiente.
“Mientras
hagamos leña del árbol caído…” Suspiró Yeros.
“Lo
tenemos negro.” Respondió Olaff.
Días
antes de ese momento Olaff fue en busca de sus amigos y colegas para pedir
ayuda, aunque no todos estaban dispuestos a prestársela. En una de esas tuvo
una discusión acalorada y regresó solo en compañía de quienes menos esperaba
volver a ver.
“Olaff,
pide y el fin del mundo te responderá. Te prometí tras salvarme en las costas
que te debía una.”
El
grupo que teníamos delante lo iba a tener difícil. No sabía cómo decírselo a mi
compañero, pero no tendrían suerte. Un ejército tan variado no es normal porque
siempre están formados por una única especie y aquel, tenía varias.
“¿Cómo
lo ves?” me preguntó.
“¿Quieres
una mentira piadosa o la verdad?” le pregunté bastante preocupado. “No están
preparados.”
“Bueno…peor
es nada.”
Esa
gente parecía motivada y se fiaban de mí. Olaff encima animó al grupo diciendo
que yo estaba con ellos. Así que no se me ocurrió otra cosa que soltarles una
mentira piadosa.
“¡Me
las he visto alguna vez con un dragón! ¡iremos a por este! Pero si la cosa se
pone mal, huid.” Pedí. Esto último no acabó de convencerles demasiado porque
estaban dispuestos a proteger a los suyos. La escabechina estaba servida.
“Chico”
empezó el druida. “A veces una mentira piadosa puede levantar un regimiento.
Pero si la cosa sale mal, puede cundir el pánico. Ahora, necesitan esa
esperanza. Ya les diremos la verdad más tarde.”
Tras
hablar con él, les volví a repetir que se marcharan si pasaba algo para volver
a recibir una negativa. Y, al despuntar el alba, nos vimos las caras con el
enemigo.
“He
de admitir que estoy encantado de conoceros.” Se despidió Yeros por si ocurría
lo peor.
“Igualmente.”
Respondí con congoja. Podía pasar cualquier cosa.
“Champiñón,
Tirillas…siempre os llamaré así.” Me dijo estrechándome el brazo.
“Eres
mi hermano.” Le respondí devolviéndole el gesto. Después, Osvaldo dijo que
quería unirse a la batalla…y comenzó.
Resistimos
la primera y segunda oleadas bastante bien, aunque la segunda nos fue mejor
porque ya conocíamos más o menos cómo las gastaba el enemigo. Los dracónidos
eran un poco más duros por las escamas, pero nada que no pudiéramos conseguir
con paciencia y juntos. Observé a mis compañeros. Olaff parecía estar
emocionado combatiendo y se veía muy animado. Por mi parte, conseguí despejar
el camino mientras mataba a unos cuantos más. A Yeros, lo atraparon y lo
empujaron muralla abajo.
“¡YEROS!”
grité.
“¡Ya
nadie respeta a los viejos!” Escuché que se quejaba. Suspiré aliviado. Los
barriles debieron amortiguarle la caída de algún modo.
Pero
el alivio me duró muy poco. Escuché un rugido y me acerqué rápidamente a
quienes combatían en la muralla. Era una señal horrible, nefasta.
“¡Olaff!
He oído un rugido.”
“¡Claro!
Hay muchos bichos ahí abajo.”
“No.
Digamos que de algo más grande…”
“Espera…”
Apareció
un dragón negro adulto sobrevolando uno de los tejados de la ciudad.
“Mortales…soy
la oscuridad…uníos a mí o morid.” No se andaba con tonterías. Los dragones
tienen un ego descomunal.
A
Olaff no se le ocurrió otra brillante idea que lanzarle tremenda boñiga a la
cara y a Yeros, llamarlo lagartijo.
“¡No
lo humilléis, joder!” Advertí. A un dragón hay que regalarle el oído. Son
vanidosos y les gusta que los elogien. Humillarlo creo que fue una de las
peores ideas que tuvieron esos dos.
Se
presentó como Corazón Negro y no dudó ni un segundo en atacar primero a Olaff
por aquella ignominia, por aquel atrevimiento, lanzarle una cagada en la cara
lo cabreó. El golpe fue bastante potente si vuelve a alcanzarle, no lo va a
conseguir. Miré a Yeros y estaba tranquilo. Como si supiera algo que los demás
no sabíamos. El único nervioso era yo. El druida le asestó un hechizo de
relámpagos con tan buena puntería que Corazón Negro no consiguió evitar ni uno
solo y después, esos rayos que aún explotaban se mezclaron con mi flecha.
El
dragón centró su atención en mí y me escupió su aliento ácido. Afortunadamente
llevaba un amuleto que consiguió paliar el daño que podría haberme hecho su
aliento de no llevarlo puesto. Maldito hijo de puta. Nos lo estaba poniendo muy
difícil y las fuerzas flaqueaban. En el momento en el que conseguí darle un
disparo más certero después del mazazo enorme y sonoro de Olaff pude ver que
Yeros estaba en el suelo. No sabía si respiraba o no. Quise curarle, pero el
druida me pidió que siguiera luchando y que no sufriera por él.
Olaff
estaba malherido y Yeros a las puertas de la muerte. Un flechazo decidiría
nuestra suerte. Contuve la respiración y conseguí que las fuerzas no vacilaran.
Tensé el arco con las fuerzas que me quedaban y lo disparé introduciéndole la
flecha por el oído. Cuando se levantó con las alas abiertas dispuesto a tirarse
sobre mí, la flecha que tenía clavada acabó de rematarlo. Salvamos a Yeros y
seguíamos respirando. Osvaldo sobrevivió igual que gran parte de aquellos que
participaron para ayudar a mi hermano. Algunos de ellos estaban heridos de
gravedad de modo que los atendimos rápidamente. De todas formas, ha habido
muchas bajas y la noche, entre lamentos, transcurrió tranquila. Creo que he
conseguido el título de Matadragones…pero a un precio alto.
Una
semana después reconstruyeron el pueblo y se celebraron los funerales de los
caídos. El ejército enemigo regresó a su tierra y tardarían en recomponerse.
Sería un buen momento para ir allí y acabar con lo que quede.
Nos
reunimos en El Caldero de Oro con Osvaldo donde la gente recuperaba los ánimos
lentamente. Allí, estaban Olaff y Yeros y vimos a Osvaldo tallando algo en la
calle con mucho esmero. Cambió el nombre de El Caldero de Oro por La casa de
los héroes.
“No
hacía falta, hombre.” Dijo Yeros al propietario de la posada. No era necesario
que cambiara el nombre si le gustaba el que tenía.
“Así
está bien. ¿Qué color quedaría bien?”
“¡El
verde!” sonrió Olaff.
Mientras
seguía trabajando en el nombre de la posada seguíamos charlando tranquilamente.
“Una
semana dura, ¿eh?”
“Sí…pero
bueno, seguimos respirando.” Respondí.
“Bueno.
Ya ha pasado todo. ¿A quién le apetece una barbacoa?” preguntó el tabernero.
“¡Pero
que la pague Olaff!” exclamó Yeros. Él y yo nos pusimos a reír. Poco a poco el
buen humor empezaba a regresar a Vaéltica. Esa gente es resiliente y conseguirá
recuperarse de este golpe. Estoy seguro.
Mientras
hablábamos alguien tiró un cubo de agua sucia a mi hermano y resultó ser
Claudio, su amigo. Discutieron de buenas y con mucho colegueo pero la esposa de
Osvaldo estaba dispuesta a echarlos de la taberna cuando Olaff cogió una silla
para hacerla volar a la cabeza de su amigo. Como en los viejos tiempos. Yeros y
yo estábamos observando mientras tanto, y cuando teníamos pensado escaquearnos
de allí nos arrollaron a los dos. Acabamos bebiendo más de lo que podíamos y no
tardé en ponerme pedo. ¿Os lo podéis creer? Aguanté menos que el viejo druida.
Espero que no lo sepa nunca. Olaff volvió a pillarme con cinco jarras de
cerveza y me dormí. Mi hermano siempre acaba arrastrándome a cualquier cosa que
se proponga.
Pasaron
cinco años. Finalmente decidí dejar de viajar y me establecí allí. La gente me
ayudó a construirme una casa cerca de la de Olaff y abrimos un negocio de cacerías.
Suena bien eso de ser el Matadragones, pero es un título que quiero compartir
con mis compañeros. Así que, un negocio de cacerías abierto por los
Matadragones debía tener éxito. Pero lo mejor no es esto. ¿Sabéis qué? Nuestro
semiorco me hizo tío a mí y abuelo a Yeros. Les contamos historias de nuestras
aventuras y les gusta la de la caza de Corazón Negro. Mis sobrinos son: Olaff
Jr. Fol y Fufa…no sé cómo la madre dejó a mi hermano ponerles nombre.
Yeros,
por otro lado, consiguió aprendices. Cada vez más y sus enseñanzas son cada vez
más conocidas. Su legado está asegurado y su bosque seguirá a salvo incluso
cuando él ya no esté. Habilitaron un almacén como escuela para él y sus
pequeños druidas.
“¡Tío
Lloyd!” exclamó uno de los niños. “¡Cuéntanos la historia del dragón!”
“Bueno…pues
resulta que ese día…”
