CAZA EN VAÉLTICA (Capitulo 1)

17-12-2022

CAZA EN VAÉLTICA (Capitulo 1)

El Catoblepas

 

Lloyd, explorador humano- yo.

Jackson, bardo mediano pies ligeros, Toru.

Me llamo Lloyd y soy un cazador de un pequeño pueblecito perdido en la montaña. Allí, sufrimos ataques recurrentes de todo tipo de animales y monstruos por lo que los grandes bestiarios salen de allí al tener contacto directo con absolutamente cualquier bicho. También hay grandes cazadores. Mi idea es hacer un bestiario que abarque el mundo entero. No solo la zona en la que vivimos y el reino, así que hice una travesía de 18km hasta Vaéltica atraído por el rumor de una criatura que aterrorizaba al pueblo. ¿Quién sabe? Quizá es algo que no haya visto antes.

Vaéltica es un pueblo de paso frecuente en la zona boscosa y pantanosa de Terrelis y es también parte de su frontera con el norte. Es un lugar transitado, pero viven unas 500 personas. En invierno hay pocos viajes. Están gobernados por un señor feudal con voluntad férrea que tiene dividida a la población respecto a lo que opinan sobre él.

Este pueblo se conoce por ser un lugar en el que pasarlo bien, hay mucho ocio, y es famoso por sus bebidas y el alcohol. Hay que destacar la posada El Caldero de Oro, por lo que sé llamada así porque sus dueños se hicieron de oro al tener el monopolio del ocio. También hay una capilla dedicada al dios del alba, los nacimientos, juventud y, en general, las buenas intenciones: Lazhánder. Ojalá pudiera rezarle a un dios de las buenas intenciones, pero cuando eres cazador los escrúpulos los pierdes porque sabes que es matar o morir. Me gustaría poder decir que solo he asesinado monstruos…

La gente del pueblo es muy creyente y hay un sacerdote semiorco que es el único de su especie en Vaéltica, tendrá unos 16 o 17 años y no parece tener miedo de nada. Es alto y voluminoso, pero para ser la especie que es, no es corpulento.

Uno de los motivos por los que estaba a 18km de casa también era la sed de conocimientos. De ver y conocer monstruos y criaturas que no se encuentran en el territorio que suelo frecuentar. Quiero saber qué está pasando y a qué me voy a enfrentar. Llegué a una posada, El Caldero de Oro, y la gente se me quedó mirando hasta que me acerqué a la barra. Soy un extranjero y allí seguramente todo el mundo se conoce. Pero no me siento mal ni extraño por ser un foráneo porque es algo a lo que te acostumbras cuando te dedicas a viajar. Allí, parecía haber un mediano con unas pintas de hippie.

Un mediano de los pocos que pude ver en Vaéltica por cierto. Parecía estar discutiendo sobre la veracidad de sus historias. Pues al parecer el posadero no se las creía. El posadero, un hombre que recuerda a un enano en un vistazo rápido pero que comparte especie con el bardo hippie. En otro orden de cosas, me dijeron que la posada era muy animada pero sinceramente, no me lo parece ni lo más mínimo. Me hablaron de Miguel Jasón, un artista local famoso en la comunidad. Cual fue mi sorpresa cuando supe que se trataba del hippie. También lo llaman “Hee-Hee”. Presté atención a la conversación de Jackson con el posadero y me alegré al ver que aquel chico era más disperso que yo.

Cuando vi que la cosa iba para largo decidí llamar la atención y preguntar por la bestia. El mediano me dijo que dejara en paz a la bestia y el posadero, me la describió como una mezcla de búfalo y jabalí, con muy mal olor y con una maza en la punta de la cola. Lanza rayos que matan al ganado y animales grandes. Casi con seguridad es un catoblepas. No me apetece luchar contra eso. Empiezo a pensármelo.

“Señor, ¿seguro que se trata de un catoblepas?” me quise asegurar.

“No sé qué es, señor. No creo que exista algo…ya sabe, que lance rayos por los ojos y que huela tan mal.”

“¡Dímelo a mí, que llevo dos vacas muertas esta semana! ¡no sé cómo voy a pagar los impuestos a este paso!”.

Tras desvariar un poco con el hippie e incluso proponer matar al rey para evitar pagar impuestos, llegué a la conclusión de que no había preguntado por la recompensa cuando llegué. Al parecer ese tipo ofrecía 2500 piezas de oro a repartir entre aquellos que se aventurasen a la caza del monstruo.

“Oye, si mueres, ¿puedo quedarme con tu cinturón?” me preguntó Jackson repentinamente.

“Espera…oye, no tengo intención de palmarla.”

“Es que vas a palmar…” Me aseguró con una calma y tranquilidad que me pusieron de los nervios. Como si hubiera visto el futuro y supiera lo que iba a ocurrir.

“Pues vienes conmigo y así me aseguro de no estirar la pata y si no, morimos los dos.”

“No me gusta la idea de la muerte…además, alguien debe contar tu historia salgas vivo o no…pero en fin…la vida es una lenteja…”

“Menudos refranes de mierda.” Resopló el posadero. Me dijo en voz baja que le extraña que aquel mediano incluso pudiera mantenerse una vivienda.

Después hubo varias discusiones y conversaciones alrededor del catoblepas. Desde distintos cambios de nombre a historias sobre si existe o no. Pero la verdad es que no estaba prestando mucha atención a lo que decían.

Estando allí nos hablaron de un poblador del bosque muy reacio a los desconocidos, pero parecía conocer y respetar bastante a Jackson. El desconocido era un enano con un carácter de mierda. Por otro lado, había un comerciante asiduo que visita Vaéltica dos veces al año a título propio aunque nunca ha dicho el motivo. Se trata de un dracónido acompañado por un pequeño dragón. Jackson y yo estábamos hablando de un posible aliado que nos ayudase con la misión y un parroquiano de la posada nos aconsejó.

“Hombre, el enano es un ermitaño que ha estado viviendo en un sitio peligroso durante muchos años y puede apañarse mejor.”

Jackson empezó a hacer memoria sobre el enano, pero respondió que se trataba de una leyenda. Un hombre que tendría unos 300 años teniendo él 25, ya no podía estar vivo. El enano se llamaba Vondal.

“Ese enano es una leyenda urbana del pueblo.” Por primera vez, el posadero apoyó al bardo.

El parroquiano que nos aconsejó afirmó que el enano existía, que era real e incluso trató con él. Nos dio una dirección sobre dónde podía estar y decidimos ponernos manos a la obra tras comprar algunas provisiones.

Tras caminar por el bosque durante un rato encontramos a un enano recogiendo hierbas. Tan pronto como supo que estábamos allí nos clavó la vista. Hace frío, pero solo lleva una capa de pieles y un pantalón de cuero con un cinturón y unas botas. El cuerpo tatuado con algunas cicatrices que se mezclan con los dibujos. Algunas de ellas que incluso me duelen al verlas. Su barba es gris casi blanca, y lleva una maza.

“No os conozco. ¿Quién sois?” su voz sonaba desconfiada.

“Me llamo Lloyd. Vengo de muy lejos con el objetivo de cazar al catoblepas. ¿Sabes algo? El pueblo del que vengo tiene buenos bestiarios y a mí me gustaría hacer el mío propio abarcando más criaturas de todo el mundo.”

“No me gusta la gente que mata por deporte. Pero si has venido a cazar a esa cosa, te ayudaré.”

“No vivo del aire me temo, señor.” Me excusé.

Mientras hablaba con el enano dándole explicaciones que no le importaban ni a él ni a nadie, Jackson empezó a percibir un olor nauseabundo que no tardó en llegar hasta nosotros. El catoblepas estaba allí. Un olor a muerte, agua estancada y pútrida.

“Este olor me recuerda a ella…” Dijo el bardo de repente.

“¿A quién?” pregunté.

“Mejor que no lo sepas…”

“Tienes muchas cosas que contar compañerito.”

“Sí…nunca fui tan inocente…” Asintió como si estuviera pensando en un pasado remoto.

El catoblepas era grande, su piel marrón y bastante dura. Grandes colmillos blancos y cuello largo con una mirada que podía lanzar rayos. El monstruo pasó al ataque casi sin previo aviso fijándose en Jackson, pero ambos acabamos envenenados. Nos sentíamos torpes y poco hábiles. Vondal, sin embargo, estaba fresco como una lechuga. El mediano quiso contraatacar con unos rayos, pero no golpeó demasiado fuerte y le pidió perdón al monstruo.

“TÍO! Exclamé “Bueno, supongo que cuenta la intención.”

“¡Cállate!”

Conseguí ponerle una marca mágica para potenciar mi siguiente disparo. La flecha reaccionaría a la marca y saldría disparada con más potencia del arco. Jackson también le disparó con la ballesta, pero el virote se desvió. No sé si a cosa hecha o no. Cuando quise dispararle de nuevo, sentí un dolor punzante en el codo.

“¡Hostia, mi codo!” me quejé.

Vondal quedó aturdido por el coletazo propinado con la cola en forma de maza del bicho y antes de que hiciera más daño conseguí acabar con él. Mientras conseguía la prueba que necesitaba para que el posadero creyera en esta historia, vi que Jackson se quitaba la ropa ensangrentada mientras maldecía. El enano, se quitó la capa y se la puso por encima mientras le apoyaba la mano en el pelo.

“No respetas al otro.” Me dijo. Parecía estar regañándome. Después se dirigió al mediano. “Has aprendido una lección, chico. Los cazadores no son de fiar.”

“Mira. Si no hubieran construido el pueblo en esta zona, él no habría tenido que morir.”

Discutí con Jackson sobre llevar la cabeza del catoblepas al pueblo y él se negó por activa y por pasiva a ayudarme. Así que lo tuve que hacer solo, como era habitual. Sinceramente, no sé por qué confié en esta gente. A la próxima lidiarán ellos mismos con sus monstruos. Una vez en El Caldero de Oro, enseñé la cabeza al posadero y empezaron a escucharse un montón de voces. Una de ellas se escuchó por encima de las demás:

“¡Ves, eso es lo que mató a mis vacas!” señaló un hombre la cabeza.

Una vez descansando en la posada empecé a escribir los datos del monstruo. Fue interesante y, aunque pensé que me sentaría mal que me llamasen asesino, me dio bastante igual. Espero no convertirme en un monstruo yo también. Diga lo que diga la gente, no mato por diversión. A todo el mundo le gusta hablar por hablar sin saber nada del otro y ver el mundo arder…