LA ISLA DE TESERA (parte 6 y final)

La isla de Tesera (parte 1)

La isla de Tesera (parte 2)

La isla de Tesera (parte 3)

La isla de Tesera (parte 4)

La isla de Tesera (parte 5)


12-10-2022

Nos tomamos un descanso rodeados de toda aquella riqueza y Darmani empezó a encontrarse mejor.

“¿Qué ha pasado?” preguntó nuestro compañero enano.

“Los niños, se están peleando por el tesoro.” Nos señaló Encarni.

Darmani puso los ojos en blanco y nos señaló a Mako y a mí como ya había hecho en alguna otra ocasión.

“¡No veo ningún niño por aquí!”

El capitán, mientras tanto, se reía de nosotros. Estábamos más pendientes de los objetos mágicos que de las monedas y las joyas.

“Dragoncillo” se dirigió a Mako “podéis pelearos por las migas, yo mientras, iré a por el pan.” Dijo mientras se iba hacia la montaña enorme de tesoro.

“¿Para qué sirve el dinero? ¡solo para comprar cosas!” protestó el enano que era más amigo del conocimiento que del dinero.

“Para comprar más libros.” Intervino Mako enseñando el diario del dragón como si fuera una chuchería.

“Bueno…tienes razón.” Admitió Darmani. “Déjame echarle un vistazo.”

“¡ESTÁ EN DRACÓNIDO!”

“¡PUES LÉELO!” protestó el enano paladín.

“¿¡Cómo se lee el dracónido!?” preguntó el kobold con aquella vocecilla estridente.

“¿No sabes leer dracónido?” preguntó Darmani arqueando una ceja.

“¡Sí que sé! Me estaba quedado contigo…”

Empezó a leer como podía aquel libro. El idioma sonaba bastante tosco con varias consonantes imposibles de pronunciar. Se apañaba bastante bien y de repente, por lo que nos dijo, el tono del libro cambió. De explicar sucesos mundanos que poco o nada importantes podían ser, al menos para alguien que no sea un dragón, claro, empezó a hablar de otras cosas. Decía que los humanos habían conocido un gran mal y se preocupaba por sus propios seguidores y su integridad. El diario es de una dragona, Isabella. Imaginamos que quizá debía de ser su identidad humana. Los dragones extraordinariamente poderosos pueden tomar forma humana y de ahí, nacen, por ejemplo, los dracónidos. O eso tengo entendido.

“Un dragón de cristal.” Concluyó Mako.

“Y tenía un culto.” Deduje. “Y se preocupa por su integridad. ¿Por qué?”

Mientras seguíamos hablando del suceso, escuché que venía gente. Mako decidió quedarse el anillo de invisibilidad y la capa, se quedó ahí muerta de risa. Escuchamos unos aplausos y una voz que conocíamos. Sobre todo, Darmani.

“Gracias por hacer el trabajo sucio. ¿Os acordáis de los gritos?” Sacó una bolsa y lanzó a Encarni la cabeza de la reina de las hormigas.

“Si sabías cómo matarla, ¿por qué no viniste tú desde un principio?” gruñí.

“No voy a compartir mi tesoro con estos sucios…”

“¿Qué entiendes por sucio?” pregunté guiñándole el ojo y sonriéndole. Encarni se me quedó mirando un poco incrédula.

“Esta gente tiene más nobleza que todos tus títulos juntos.” Intervino el capitán tiburón a nuestro favor.

“A ver, iguanita. Déjate de gilipolleces y dinos qué quieres.” Pregunté finalmente cansada de tanto parloteo. Tenía que seguir mi viaje y no podía ni quería perder el tiempo.

Dijo que quería TODO el tesoro y yo me negué. No podía ser, todos necesitábamos el dinero para algo. Mis compañeros ni idea, pero mi viaje continuaba. De hecho, acababa de comenzar. Ya tenía la llave para viajar al plano del Abismo y necesitaría recursos. Tal y como estaba escalando el problema, se venía paliza.

El capitán finalmente pasó al ataque y me golpeó con tanta fuerza que quedé en el suelo de un único golpe. Consiguió golpearme bien con la espada y mi sangre salió hacia todas partes. Tenía la vista nublada, veía borroso, pero al menos pude ver que mis compañeros tenían más suerte que yo. Conseguí enfocar a Mako golpeando a uno de los enemigos.

Escuchaba los golpes, gritos y magia volar por el aire. Yo, seguía sin poder moverme, intentaba levantarme, pero estaba ya demasiado malherida. Darmani no podía ayudarme, tenía que proteger a los que seguían adelante y ambos lo sabíamos. Podía ver que de vez en cuando me lanzaba una mirada, me quería ayudar, pero no podía ser. Además, por lo poco que escuchaba, sentí que no nos estaba yendo demasiado bien…

“¡NO!” gritó el enano. “¡NUESTRA LANZADORA DE HECHIZOS, MEDEA!”

Ya no sentía nada. Ni a mis compañeros, ni el clima…no sé si hace frío o no. Ni siquiera siento dolor…pero…sin embargo aquí estoy, pensando…

La muerte se me apareció dispuesta a darme una segunda oportunidad si conseguía darle un buen argumento. Me preguntó por qué creía que debería dejarme regresar entre los vivos. Le respondí que, por mi misión, si no confiaba en mí misma, ¿en quién más lo podría hacer? tenía que viajar al Abismo para encontrar a mi madre tal y como Asmodeo me pidió, y porque mis compañeros necesitaban ayuda. Ella, se quedó en silencio un rato.

“Tus amigos me dan igual porque tarde o temprano todos acabaréis conmigo. Pero tu misión…la petición de Asmodeo…” No terminó la frase y me dio un beso en la mejilla. “Tienes una segunda oportunidad, pero ten en cuenta que, a cambio, me perteneces. Cuando mueras, nadie podrá resucitarte y vendrás a mí.”

No me gusta pensar que pertenezco a alguien, pero el caso es que poco a poco comencé a recuperar los sentidos y hasta pude levantarme. No tuvimos tiempo de hablar ni de dar explicaciones porque el capitán pirata seguía allí dando guerra. Cuando desperté, vi a Darmani en el mismo estado que yo. Incluso cuando estuve hablando con la muerte, pude ver un séquito de enanos que se me acercaba.

“Ah, no. Ni hablar.” Utilicé uno de mis hechizos para revivir a mi compañero. Gracias a mi sangre aasimar puedo utilizar conjuros sanadores. No está mal, ¿eh? Aunque la situación seguía siendo un desastre. Me fijé en que Encarni y Mako estaban también malheridos pero la orco, estaba rara. Más de lo normal quiero decir. ¿Furia? ¡YA ERA HORA, JODER! Cuando un bárbaro enfurece, su fuerza incrementa considerablemente y son grandes guerreros en el campo de batalla. Vimos a Mako abalanzarse contra el capitán y todos contuvimos la respiración, ya estaba… ya…

“Casi.” Susurró el dracónido cubriéndose el ataque.

“¿¡POR QUÉ NO TE MUERES!?” grité ya tratando de no estresarme. Veía mi vida peligrar más de lo habitual y no quería irme otra vez con aquel saco de huesos mal rollero.

Darmani, finalmente, asestó el golpe de gracia al capitán pirata. Su lucero del alba resplandeció mientras le golpeaba primero el pecho y acto seguido la cabeza. Fue algo brutal, pero se aseguró de que no volviera a levantarse. Encarni se dejó caer al suelo cansada.

Recogí la llave y repartimos el tesoro entre todos. Cuando quisimos darnos cuenta nuestro capitán tiburón se había marchado y lo más raro, es que no se llevó a Encarni con él.

“Encarni… ¿en qué consistía ese pacto?” le recordé.

“En que Mako y yo formaríamos parte de su tripulación.”

Nos despedimos todos. Espero que a mis compañeros les vaya mejor en la vida y cumplan sus objetivos. Mi viaje empieza ahora. Utilicé la llave, abrí el portal del Abismo y bajé por él.

 

Al poco tiempo me enteré por mi padre que Mako y Darmani abrieron una tienda para aventureros con suministros, armas y objetos raros y, al parecer, el negocio les iba estupendamente bien. Bautizaron la tienda como “Escamas y martillos” simple, pero fácil de recordar y, la verdad, me gusta cómo suena. ¿Sabes? Me hubiera gustado poderla visitar algún día, pero…creo que no va a poder ser. Estoy lejos, muy lejos de ellos y no tengo garantías de absolutamente nada.

Encarni, se fue en busca de un modo de ayudar a su hija. Encontró la paz y sabía que lo que no se podía evitar realmente era así. Cuando pedía ayuda todo eran negativas no porque no quisieran, sino porque era imposible por el tiempo que la pequeña llevaba fallecida. Tendría que estar dispuesta a pagar un alto precio por cumplir su objetivo. Estoy segura de que lo hará, porque no hay nada peor para una madre que sobrevivir a sus hijos.

Cuando regresó a la ciudad un liche se cruzó en su camino ¿o la buscó? Nunca lo sabremos. Le preguntó hasta qué precio estaba dispuesta a pagar por lo que quería y poder reunir a su familia.

“Sacrificaría al mundo.” Respondió.

Después de saber de ellos continué mi camino. Iba a ser de todo menos divertido.  Llegué a una llanura sin final donde había demonios por un lado y diablos por otro. La Guerra de Sangre. Y yo, estaba allí en medio. Pude ver a un aasimar con un arma a pocos metros de mí matando a un diablillo.

“Interesante.” Me dije. Un diablillo se me posó en el hombro, Asmodeo transformado. Me dijo que me llevaría a un lugar seguro así que, no tengo más remedio que confiar en mi “padre”.

“Pues nada. Vamos a seguir con lo nuestro.” Me dirigí al aasimar.