LA ISLA DE TESERA (Parte 5)

2-10-2022

Nos llevaron de nuevo a la sala donde estaban los demás gladiadores. Allí, estaba nuestro capitán tiburón que no nos había traicionado como pensamos en un momento, sino que, al parecer, habían tenido otros planes para él.

Darmani se veía especialmente cansado. Quizá no se encontraba demasiado bien así que le dijimos que se tomara un descanso mientras buscábamos la forma de salir. Pero ya sabemos como es, y dijo que ni hablar. Aun así, nos apañaríamos sin él por el momento, no es plan de atosigarle.

Descansamos después de los combates y nos dieron de comer y de beber. La carne estaba caramelizada con miel y el vino estaba bastante malo. La verdad, la mierda que comen estos bichos acabará destruyendo mi paladar. Tengo que largarme de aquí cuanto antes. Las camas no son muy cómodas, pero es mejor eso que dormir en el suelo. No aguantaba más.

“Tenemos que salir de aquí, Mako. Haz algo por favor, tú puedes.” Le pedí. Miramos la trampilla, que parecía ser nuestra única y mejor opción. “Crees que podríamos intentar abrirla?” Le pregunté a mi compañero.

“¿La abro yo?” Se ofreció Encarni con una sonrisa socarrona por lo que ocurrió la última vez que intentó abrirla.

“¡NO!” Exclamó Mako mientras se acercaba a nuestra única salida. La trampilla tenía candado así que el kobold tendría que apañarse un poco. Tardó en abrirla un poco, pero acabó consiguiéndolo. Se asomó para ver si había alguien, pero solo había un horrible olor a humedad y una corriente de viento.

“¿Qué, escapando?” preguntó nuestro compañero pirata cruzado de brazos y apoyado en la celda.

“Compruebo las vías de fuga.” Aclaró Mako sin dejar de hacer lo que estaba haciendo. Mientras intentaba liberar al tiburón, el pícaro se quedó blanco. Se escuchó un “clac” que nos hizo estremecer a todos.

“¿Qué ha sido eso?” Le pregunté.

“Mi última ganzúa.” Respondió tratando de mantener la calma.

El tiburón le pidió la espada a nuestro compañero y mostrándose bastante reacio a hacerlo, se la dejó. Con esta, se arrancó uno de sus colmillos y escupió sangre al suelo. Le dio el diente a Mako y con eso, logró abrir la cerradura. Sí, se lo quitó sin anestesia.

Bajamos por la escalera con Mako en cabeza y Darmani por el medio para protegerle. Había un pasillo enorme que se bifurcaba a izquierda y derecha. Habíamos llegado a una encrucijada y lo primero que dijo el kobold fue advertirnos de que no nos pillaran porque no quería volver allí. Todos estábamos de acuerdo. Se adelantó para ver qué había más adelante, pero todo parecía bastante seguro. Además de una pequeña bajada que después se volvía a nivelar, estaba todo en orden.

“¡Seguidme!” Exclamó Mako con esa voz pitosa que se te mete en el cerebro. Siempre seguro de sí mismo.

“Vamos allá.” Sonreí.

Los sentidos no fallaron a nuestro pícaro. El ambiente era cada vez más húmedo y enrarecido. Había moho y agua, debía haber alguna corriente cerca. Tras varios metros llegamos a una caverna con un lago interior. Un flujo de agua hacía que el agua no estuviera estancada.

“Espero que no vayamos a parar a una arena de combate naval.” Suspiré.

“Son hormigas.” Recordó el kobold. “¿Has visto maquinaria chula aquí abajo?”

Encarni y yo vimos destellos, hongos y moho. Pequeñas lucecitas danzantes.

“¿Luciérnagas, aquí abajo?” Preguntó la orco arqueando una ceja y cruzándose de brazos. Ciertamente no tenía sentido.

“Son hongos luminiscentes.” Conseguí afinar un poco más la vista que mi compañera. “Y son peligrosos.” Algo se movía en la oscuridad llamando mi atención. Podía verlo deslizarse en ella. “Hay algo en la oscuridad que me ha detectado. Se ha parado y me observa.” Advertí.

“¿Es malo o bueno?” Quiso saber Encarni.

“Malo. Vamos a considerarlo como malo.”

“Podría ser un aliado.” Rebatió.

“¡Ve delante, capitán!” Señaló Mako alegremente.

“Tú eres el líder de la expedición…dragón.”

“Eso es caer bajo.” Protestó echando a caminar el primero. Finalmente, el capitán decidió acompañar al pícaro con Darmani cerca. Cuando parecía que todo iba bien, vieron algo gigante con varios ojos.

“¡Cuando pensaba en hongos pensaba en algo más pequeño!” Exclamó el kobold mirando a aquella enorme bestia de tres cabezas. “¿¡Cómo te llamas!?” preguntó.

Aquella cosa hablaba en un idioma que yo conocía. El terrano, la lengua de los elementales de tierra. Así que no perdía nada por hablar con él antes de acabar a tortas.

“Gente, esclavos de hormigas, venid a mi casa. No conseguiréis comida porque vosotros, vais a ser la mía.” Su voz sonaba como un corrimiento de tierra, como tierra moviéndose.

“¿No hay nada que quieras antes?” Le pregunté en su mismo idioma.

“¡Pregúntale cómo se llama!” Intervino Mako.

“Quiero que los esclavos de las hormigas dejen de venir aquí.” Gruñó. Parecía enfadado e impaciente.

Le expliqué el problema. Y le pregunté cómo matar a la reina de las hormigas que era la que pedía a esos esclavos que tanto molestaban. Me dijo que, con la fuerza bruta, aunque, la verdad, no creo que eso fuese lo más sensato. Por lo que contó, destruyeron sus campos de cultivo y se quedaban sin comida. Observé un poco los alrededores y vi resquicios con esqueletos. Su tono iba creciendo y volviéndose más agresivo. De repente, una de sus cabezas, a la que llamaré “Cabeza Mala” empezó a decirle cosas que no debía.

“Son esclavos, nos matará, comételos.”

“Nos pueden ayudar…” Intervino la “Cabeza Buena”. Logré convencer a Buena de que podíamos ayudar. Pero Mala se quedó en silencio. Afortunadamente, Buena se vino a las mías y se mostró razonable.

“Suena convincente.”

“¿¡CÓMO SE LLAMA!? ¿¡TIENE UN NOMBRE SOLO, O UNO POR CABEZA!?” Exclamó de nuevo el kobold estirándome del cinturón de tela.

Pregunté sobre el tesoro que estábamos buscando y se me iluminó el rostro cuando Neutral dijo que sabía dónde se encontraba y que estaba en aquellas cavernas.

“Tenemos hambre, saciadnos y os ayudaremos.” Concluyó Neutral.

“Pero…¿cómo se llama?”

Quedamos en cazarles algunos de esos monstruos horribles, feos y para nada comestibles con los que habíamos combatido. Cuando volvíamos, escuché a las hormigas hablando al otro lado de la trampilla con ese característico “clac, clac, clac”.

“Si hay hormigas y hablan…nos estarán buscando.” Adivinó Mako mientras estudiaba la situación. Las hormigas parecían muy alteradas buscándonos.

“¿Quieres que le pegue fuego a la habitación?” propuse.

“No llaméis la atención.” Se quejó el pícaro.

“Decís que tienen mente colmena.” Recordó el capitán tiburón. “¿Sabéis cómo caza mi gente? Si no vamos a la presa, la presa viene a nosotros. Y antes de darse cuenta, ya está atrapada entre nuestras fauces.” El capitán cogió un virote de Mako y lo ató a una cuerda mientras le explicaba el plan, aunque tardó en pillarlo. Intentaron clavar el virote en la hormiga y lanzarla por la trampilla estirando de la cuerda, pero no hubo suerte. Para ayudarles, lancé un rayo de escarcha y la arrojé de arriba abajo. Después Mako subió por la escalera para ver que ya no había nadie.

Atacamos a los monstruos y estos empezaron a ponerse nerviosos. Se hizo el silencio entre nosotros mientras se escuchaban las quejas de las criaturas. Afortunadamente las paredes son gruesas para amortiguar el jaleo. En uno de los ataques de esa cosa, me escupió ácido, estropeando mi modelito.

“¡NO MIRÉIS!” me quejé. Había quedado más corto de lo que me gustaría. “¿O sí?” Cambié de opinión.

Mako atravesó la cabeza del monstruo con un virote después de ver que Encarni no tenía mucho éxito. Parecía distraída por algo que todavía no sabíamos y a Darmani, no lo dejamos combatir. Escuchamos un alboroto fuera, cargamos con el monstruo y antes de que nos pillaran, salimos cagando hostias de allí.

“Esta cosa me da asco.” Me quejaba cargando con el monstruo junto a los demás.

“No te quejes, que yo lo llevo en el hombro.” Me recordó Encarni.

“¡Pero me ha quemado!”

Tras darle la comida y devorarla de una forma bastante grotesca, Mala no parecía convencida e insistía en combatir contra nosotros. Buena prefería no hacerlo.

“¿Le has preguntado cómo se llama?” Mako volvió a la carga. “Y si tiene tres cabezas, ¿cuántos anos tiene?”

Intentaba ignorar a mi compañero, pero esa vocecilla aguda es difícil de no escuchar. Le pregunté por el tesoro a Buena, Neutral y Mala. Neutral dijo que las hormigas lo buscaban y él sabía dónde encontrarlo. Le pedí que nos guiara hasta él, pero Mala quería combatir antes. Buena, por otro lado, parecía estar evaluándonos.

“Nos reta. No es hostil, pero si ganamos, nos llevará al tesoro. Si no, nos dan por culo y nos apañamos.”

“Pero a ver. ¿Tiene nombre? ¿cada cabeza tiene uno?” Volvió a arremeter Mako en su incesante intento por saber cómo se llamaba.

“¡Aspergyllus! ¡se llama Aspergyllus!” me inventé.

“¿Eso no es un hongo que crece en la comida y que puede ser letal?” preguntó Encarni, que entendía del tema.

“Em… ¿no?” Respondí. Ni idea, seguro que sí. Si ella lo dice.

Golpeé al monstruo con uno de mis conjuros y después concentré mi magia para poder reducir la fatiga que supone lanzarlos. Intentaba no escuchar a Mako preguntando por su nombre. Cuando él tuvo la oportunidad, asestó un buen golpe, rápido y certero. Es muy porculero pero es buen compañero y combatiente. Finalmente, el capitán también decidió intervenir. Aspergyllus, que así bauticé al trío de Buena, Neutral y Mala, atacó a Mako devolviéndole el golpe con bastante potencia, tirándolo al suelo y dejándolo muy malherido. Las tornas se habían cambiado demasiado rápido.

La cosa empeoraba. Yo también acabé malherida y el kobold en el suelo incapaz de levantarse. Esa seta triple tiene claro lo que se hace y pensábamos que era tonta. Cuando empecé a conjurar las bolas de fuego, Aspergyllus tiró la lanza al suelo y levantó las manos. Así que el fuego de mis manos se apagó.

“¿Nos llevas al tesoro, por favor?” Le pedí.

“Sí.”

Fuimos a una cueva y encontramos muchísimas joyas, montañas de oro, objetos mágicos y algo que llevaría a decirle adiós a mis compañeros. La llave del portal del Abismo, mi próximo objetivo, mi próxima misión. Pero antes, tengo la sensación de que volveremos a luchar juntos una vez más…