LA GUARIDA DEL ILÍCIDO (Oneshot)

  Empecé una partida a Dungeons and Dragons con unos amigos. En esta campaña, mi personaje es una tabaxi pícara llamada Glenna. A continuación, lo que ocurrió el primer día:

DUNGEONS AND DRAGONS

27-3-2022

Hola, soy Glenna. Una tabaxi de ciudad con unas envidiables habilidades de pícara. Veréis, tengo un negocio de...cosas, vamos a dejarlo en cosas, y aunque no gano mal, necesito clientela nueva. Así pues, me aventuré para captar a nuevos clientes y de paso, me gano un dinero extra como cazarrecompensas o mercenaria.

Ese día, nos secuestraron al dracónido que conocí en una mazmorra y a mí. A él, por lo que sé, desde un prostíbulo y yo, por investigar la desaparición de un marinero. Realmente, no sé cómo pudieron enviar a un cliente desde un prostíbulo a esa mazmorra pero no era una de esas mazmorras de sexo. Había gente con la cabeza abierta en forma de olla. Incluso algunos cerebros, seguían palpitando. Entonces, escuché a alguien quejarse y moviéndose. De modo que decidí hablarle y resultó ser el dracónido, llamado Lehdyd.

Tras liberarnos rascando las ataduras de cuero, salimos de allí, perseguidos por unos tíos con capuchas. Cuando pensábamos que no nos íbamos a escapar, vi unas escaleras que conducían a la calle. Así que no tardamos en subir y, una vez arriba, Lehd las bloqueó con un barril.

Estaba amaneciendo. Un guardia nos vio y vino derechito hacia nosotros. Por las pintas que llevaba Lehd y a esas horas, era normal que nos mirase raro. Uno de los compañeros del guardia que nos llamó la atención, preguntó si veníamos de...bueno, de hacer cosas.

Mientras hablaban, Lehd afirmó haber matado a un basilisco. Supuse que fue el incidente del puerto, impresionante. Esos bichos son muy duros. El guardia se presentó como Krane. El dracónido parecía saber quién era pero yo, ni idea. Eso sí, le pedí que le dejara equipo, no era plan de pasearse con un dracónido en culos por la calle...no es que me disgustase verle así, pero tengo mis principios...

Tras el pequeño contratiempo, fuimos a casa del amigo de Lehd. Un alto elfo al que llaman “Illo”. No sé su nombre completo. Por lo que mi compañero me dijo, debía de ser el elfo peculiar, diferente, amante de los libros. Me fijé en que debía pertenecer a alguna orden religiosa por su vestimenta, pero no sé a cuál. Se ve un elfo astuto, pero desde mi punto de vista, es fácil de convencer. A Lehd no le costó mucho convencerle de que nos acompañase a recuperar nuestras cosas después de quererlo detener, por algo que les ocurrió. ¿Sabéis con qué más se pegaron? Con un devorador de intelectos. Y encima, sobrevivieron. Otra cosa buena de Illo, es que está aprendiendo alquimia.

Por otro lado, Krane parece medio dispuesto a ayudarnos a recuperar nuestras pertenencias. Regresamos al prostíbulo y Lehd, que al parecer es cliente VIP, lo tuvo facilísimo para entrar. Yo, tuve que apañármelas, haciéndome pasar por una de las trabajadoras del local... Para poder buscar nuestras armas sin levantar sospechas, pedí llevarme a mis dos nuevos compañeros. No, no para nada feo e indecoroso, si no para volver a las alcantarillas, donde estaban las armas.

Lehd es amable. Ofrecía 15 monedas de oro a la semiorco Gertrudis para que hiciera compañía a Illo. Le dijo que se había estado portando muy bien y que merecía relajarse pero él, lo rechazó y se fue corriendo con Krane. Cuando entró acompañado del mago, le dieron el equipo al dracónido enseguida. Así que solo el mío estaba en las alcantarillas...

Tras varias distracciones y conversaciones varias, Krane y Lehd bebieron algo que les sentó mal. Tenían los ojos dilatados, creo que una sobredosis de afrodisíaco. Aprovechando que estaban en su mundo, Illo y yo fuimos a la habitación que siempre coge su compañero para investigar. Allí, vimos lo que parecía un somnífero potente. Seguramente lo durmieron con él y lo llevaron a la alcantarilla.

Una vez solucionado esto, insistí en recuperar mis cosas. Me acompañaron pero me arriesgué a ir sola. Había monstruos, pero pude acercarme a mis armas sigilosamente y regresar sin luchar. Me llamó la atención lo que vi: o más bien, lo que no vi. Los cuerpos ya no estaban. Ahora, quedaba un reguero de sangre que conducía a un pasillo con luces. Me dio miedo, y volví con mis compañeros.