La panadera rarita 2/2 (oneshot)
Entramos en un almacén. Kaidan observó que todo estaba normal salvo que había estatuas ¿de madera? No. Más bien parecía…caramelo. Tenían una pintura ocre y parecían más caramelo que madera. Kaidan le preguntó por ellas y soltó tremendo rollo de un amigo artista carpintero que a mí no me pareció lógica. Kaidan podía aceptar la historia, sin embargo, también había cosas que no le cuadraban.
“¿Queréis sentaros mientras preparo
el té? Se os ve muy tensos.”
“Ha sido un día de trabajo duro.”
Respondió Kaidan sentándose.
“Yo estoy bien.” Respondí.
“Las chicas de hoy en día…” Empezó a
soltar un cuento de los suyos que ni escuché.
“Cuesta encontrar una compañera
decente, pero ella lo es.”
Sonreí a mi compañero y después él
llevó su mirada a los tarros grandes que había allí. Era caramelo. Preguntó por
ellos.
“Es con lo que hago los caramelos de
la tienda.” Respondió. Pero finalmente, la cosa se torció y ocurrió lo que
esperábamos. “Chico, creo que estáis siendo demasiado curiosos, mis niños.”
Rompió los tarros y salió una masa viscosa de caramelo…y nos atacaron.
Mantuvimos la calma y disparé uno de
mis hechizos favoritos, la saeta guía. Pero la muy zorra me hizo fracasar
estrepitosamente. Kaidan, sin embargo, acertó a la cosa gelatinosa. Cuando vi
una oportunidad de atacar después de que la señora, que en realidad se trataba
de una saga, una bruja, me disparara unos proyectiles mágicos, intenté responder
al hechizo, pero de nuevo, fallé.
“No estoy muy católica hoy.”
La gelatina tampoco consiguió herirme
porque conseguí poner mi escudo por delante en varias ocasiones. La saga
finalmente, decidió atacar a Kaidan, debilitándolo con un rayo. Yo, finalmente,
conseguí asestar un buen golpe a una de las gelatinas que se dividió en dos más
pequeñas, pero murió.
Kaidan, levantó su espada y le
recordé que aquellas cosas eran inmunes a los cortes. Pero su espada empezó a
emitir chispas, rayos…como una hoja envuelta en una tormenta. La gelatina se
dividió y desapareció igual que la otra. Yo, volví a atacar a la saga, pero me
volvió a evadir.
Cuando estaba distraída conmigo mi
compañero aprovechó para asestarle un buen golpe. Se puso delante de ella y
descargó su espada. Los truenos que salían de la espada eran tan intensos que
los cristales del almacén estallaron. Me cubrí con los brazos para que no me
hicieran mucho daño y alcé la vista hacia el combate. Las escamas de Kaidan
refulgían bajo la tormenta como si fueran chispas de electricidad. Se veía
impresio…no, no, nada. Sigamos con el combate. La saga, al ver que su vida
empezaba a correr peligro y sin la ayuda de sus masas de caramelo, intentó
escapar. Mi compañero la quiso detener, pero no llegó a tiempo.
“Puede que hayáis detenido mis
planes, ¡pero volveré!”
“La gente caramelizada puede volver a
la normalidad.” Me avisó mi compañero.
Tras registrar todo encontramos a la
verdadera Eufrasia…pero había fallecido. Aquella cosa la había matado. Llegaron
las autoridades para hacerse cargo de lo ocurrido y volvimos a casa. Sobre las
23:00 del día siguiente, vino un mediano acompañado de un goliath y un orco.
“Soy Burgo Cortealviento, peluquero
del Bigote al Viento.” Se presentó. “Creo que visteis una estatua de un mediano
allí.”
“La recuerdo.” Observó Kaidan.
“Era yo. Os debo la vida, pedidme lo
queráis y dentro de mis posibilidades, lo haré realidad.”
No necesitábamos nada que no fuera
dinero para poder seguir quedándonos allí una temporada más. Aunque estábamos
deseando marcharnos, volver a los caminos, salir a la aventura.
“Registrando el almacén, hemos
encontrado esto.” Nos mostró un cofre. “Son sus pertenencias. Mi negocio va muy
bien así que no tengo problemas. Quisiera que os lo quedarais.”
Al abrirlo, vimos miles de monedas de
oro, joyas, una capa mágica y unas pociones curativas. Estábamos salvados. Lo
próximo era salir pitando de ese sitio y, supongo, buscar a la bruja antes de
que se haga más fuerte.
