LAS MUÑECAS DE MARRAS (Oneshot)

 16-4-2022

Las muñecas de los cojones

Detuvimos a los tipos. Ahora, tocaba que no se los llevasen antes de que consiguiéramos que admitieran a Iyo de nuevo en la orden. Así que conseguimos convencer a los policías para que no se lo llevaran por el momento.

El elfo, parecía más calmado que la otra vez. Cuando la lie, estaba muy nervioso y le temblaban hasta las manos pero hoy, ha sabido controlarse. Llegamos a la biblioteca de Robocop o Boccop, o algo así, no me acuerdo. Salió el friki sectario a recibirnos y nos saludó. Llevaban la túnica que obligaron a Iyo a devolver, justamente la misma.

“Un trato es un trato.” Le dijo el friki tendiéndole la prenda.

“Mi familia cumple los tratos, espero que usted también.”

Curó la herida de Iyo y le enseñó un pergamino con un hechizo poderoso. El Glifo Custodio. Mientras tanto yo, quería dar un paseo por la biblioteca pero el mago, no me dejaba moverme de su lado.

“Gatita, de aquí no te mueves. El humano es el único que tropieza con una piedra y culpa a la piedra.”

“Los humanos son tontetes.” Susurré.

Empezamos a interrogar al tío. Iyo me pidió que lo hiciera yo porque tenía más gracia.

“¿Qué estabas haciendo con esa gente y para qué?” Al ver que no me hacía caso y que solo me miraba, saqué la espada y pasé el dedo por su hoja. Pero el muy capullo, seguía impasible, mirándome fijamente.

“¿Debería sentirme intimidado?”

No parecía asustado ni muy dispuesto a colaborar. De repente, el tipo empezó a reír como si no hubiera un mañana. Se partía el ojete, se reía con ganas. Iyo, le había hecho una risa siniestra de Tasha.

“¿Qué es lo que hacíais?” repetí.

“Alimentando a la bestia, que  tiene hambre.”

“¿Qué bestia?” preguntó mi compañero.

“La innombrable.”

“¿De dónde sales, desgraciado?” volvió a intervenir el elfo.

Pasado un rato, el hechizo de risa terminó y el enemigo, volvió a su gesto impasible. Pero ya había empezado a cantar. Iyo, trató de golpearle. Antes de que pudiera, vinieron los guardias preguntando si habíamos terminado. Según ellos la “verdadera” justicia, tenía prisa.

Cuando se lo llevaron, regresamos con el decano. Iyo afirmó que ya estaban en paz y que había algo más peligroso que nosotros debajo de esa biblioteca.

“¿Cómo obramos?” le pregunté.

“Buena pregunta. Necesitamos objetos para protegernos de lo que pueda haber ahí abajo.”

“Mirad. Están pasando cosas raras en casa del juguetero. Si conseguís descubrir qué ocurre, os ayudaremos con las provisiones.”

Hacían juguetes varios y la familia entera había desaparecido.

“Me temo lo peor.”

“Ya te digo.”

La familia desapareció. Así que a cambio de unos objetos para luchar contra cerebros con patas, buscaríamos a la familia. Seguimos las indicaciones del decano y llegamos a nuestro objetivo. Entramos y olía a cerrado, pero también a algo raro que Iyo no percibió. Olor a descomposición y podredumbre.

“Huele a algo orgánico pudriéndose.”

“Espero que no sean cadáveres.”

Mientras echábamos un ojo, vi unas figuras y una de ellas llamó especialmente mi atención. Una figura de porcelana blanca, un blanco marmóreo y limpio, pintada con detalles de oro y una máscara de plata. Si la vendo bien, puedo sacarme hasta 500 piezas de oro. Por otro lado, Iyo vio unas muñecas que desentonaban con el resto. Una, tenía los ojos tapados, otra la boca y, la tercera, las orejas.

Me acerqué a ellas para verlas más de cerca y, para mi sorpresa, las putas muñecas se destaparon ojos, boca y orejas y clavaron su mirada siniestra en mí. El elfo atacó sin dudarlo y el muy ciego, me alcanzó también a mí.

“¡Ten cuidado, abrazaárboles!”

“¡Sal del medio, meapilas!” replicó el maldito.

Y no contenta con eso, me golpearon con una fuerza bastante considerable. Con un poco de esfuerzo y dolor, logré romper la muñeca que se tapaba los oídos. Quedaban dos. Iyo, lanzó un conjuro de llamas consiguiendo asestarle un buen golpe a otra.

Cuando llevábamos un rato, empezaron a brillarles los ojos de color rubí, intentaron cambiarle el alma a mi compañero y lo consiguieron. Ahora Iyo, era un monigote de unos 60cm con una voz pitosa buenísima. No podía tomarle en serio. Pero tampoco podía dejarlo en aquel estado.

Logré acabar con la puñetera muñeca que quedaba y dejé KO al elfo. La verdad, fue una pequeña venganza por su ataque de antes. Podría haberlo inmovilizado de otra forma pero, ya me está bien así. Cogí al chico, a la muñeca, y me dirigí a la Biblioteca de Boccop para ver si podían ayudarle.

El friki sectario me dijo que Iyo sufrió un cambio de cuerpo. Si hubiera destruido a la última muñeca, habría matado también al mago.