EL MAPA DE PLATA (Oneshot)
La mazmorra del azotamentes (rol 1)
EL MAPA DE PLATA
Dejamos el pasillo. Nos quedamos Iyo y yo, solos. Así que decidimos ir a ver a un maestro alquimista. El elfo, le preguntó sobre el azotamentes y el devorador de intelectos pero el hombre, creía que era una leyenda. Iyo, le enseñó la herida en la sien y el tío, el supuesto maestro, le dijo que seguro que era una herida de un golpe o algo así. Que tuviera cuidado. Menudo alquimista de mierda.
También preguntó por formas de protegerse, pero son monstruos de otro plano y, para variar, no pudo darnos la respuesta que estábamos buscando.
“Menudo maestro alquimista de mierda.” Dije cuando nos fuimos. Ya no podía oírnos.
“Bueno. Es alquimista, no domador de bestias. Es normal que no lo sepa y, además, son monstruos de otro plano.”
Después fuimos a la biblioteca de la orden a la que pertenece mi compañero. El maestro decano dijo que donde hay uno, puede haber más porque tienen mente de colmena. Estamos solos y estamos jodidos. Pero al menos, parece que sabe lo que busca y me parece bueno. Pero lo mejor vino conforme iban charlando. Yo, miraba distraídamente la biblioteca pero hubo algo de la conversación que me hizo volver a ella.
“Los azotamentes pueden crearse.” Oí que decía el decano.
“Glenna. ¿No viste mucha gente con los sesos desparramados?” Me preguntó Iyo.
“Sí. Estábamos en una mazmorra con un montón de gente con los sesos abiertos. Espera...entonces...¿estaban creando bichos de esos con todas esas personas?” Cuando me dijeron que sí, sentí más miedo todavía. Lehdy y yo, podríamos haber acabado realmente mal.
Al rato, Iyo tuvo una idea. Empezó a diseñar una bomba alquímica o algo así. Muy apañado el chico. Con tres o cuatro cosas montó algo que podía funcionar. Mientras estaba enfrascado en su diseño, fui a echar un ojo a la biblioteca. Estábamos en la planta media, muchos libros y estanterías, scriptoriums y copistas. Y un hombre que paseaba arriba y abajo. Pero algo llamó mi atención especialmente: un mapa...pequeño, de plata, muy bien pulido, con campanitas.
“Tiene mucho valor. Creo que unas 150 monedas de oro...” Había zonas todavía sin cartografiar, como si se cortase a la mitad.
Cuando ya lo guardaba en mi bolsa, Iyo me pilló con las manos en la masa y tuve que dejarlo en su sitio otra vez.
“Déjalo en su sitio.” Me regañó.
“Pero son 150 oros...es dinero...” Me defendí. Pero no coló. Este chico es demasiado honesto y honrado. Me va a traer problemas.
El friki de los libros se interesó por el artilugio de Iyo. Él, estaba dispuesto a vender el diseño por 50 monedas de oro. Llegaron a un trato. Un año pagándole y una clase maestra de alquimia avanzada. Después, le preguntó por el mapa.
“No está actualizado. Está hecho por clérigos y son las rutas de los caminantes y exploradores. Es el mapa que se utiliza para los libros de geografía. Se hizo aproximadamente hará un mes. Hay que esperar a que se vayan creando rutas nuevas. ¿Sabes que dicen que la forma de nuestro mundo podría no ser la correcta? Dicen, que es esférico...”
Bueno. Aquí empezamos. Iyo, que es un poco pedorro y el friki, que dice que el mundo es plano. Ya podéis imaginar el choque de ideas. El elfo, le afirmó y demostró que estaba equivocado. Sé que al pobre hombre le va a estallar la cabeza. Dejó al pobre hombre con dolor de cabeza y a mí, sin mapa.
“No seas pedorro.” Le susurré mientras debatía la forma del planeta.
“No voy a ser pedorro. Voy a decirle una verdad aunque no le guste.”
“No te hagas enemigos.” Insistí.
“¡Cállate!”
Nos fuimos de ese edificio de sectarios cuando Iyo hizo su despliegue de conocimientos para prepararnos contra el azotamentes. Durante ese tiempo, quise conseguir algunas cosas, pero metí la pata hasta el fondo. Los nervios me traicionaron, y la mentira me salió asquerosamente mal. Pero esto me llevó a una conclusión: si eres tabaxi o cualquier raza que no sea humano, elfo o semielfo, no te quitan el ojo de encima.
Resumiendo. Quise robar unos pergaminos por si Iyo se quedaba corto y no podíamos volver. Pero la cosa terminó con las autoridades en la biblioteca e Iyo, aunque no lo dijera, con ganas de matarme. Expulsaron al chico de la orden, le pidieron su túnica y los objetos que le habían dado. Él, se fue súper cabreado. No lo dije, pero me preocupaba que me odiase. Ser tabaxi es difícil.
“Oye, mira. La culpa es mía, no de él.” Le dije al decano.
“Pero él pertenece a esta orden, tú, no. Y eres su responsabilidad.”
“¡No soy su responsabilidad! Solo mía. Y la he liado yo, no es justo que él pague por algo que no ha hecho.”
“En realidad, no está expulsado. Es solo un castigo que ambos vais a tener que cumplir. Para ganarse nuestra confianza de nuevo, vais a tener que aportar conocimientos a esta biblioteca.”
“¿Te sirve un azotamentes?”
“Admiro tu optimismo. Pero no sé si eso va a ser posible.”
“Tengo que ayudar a mi compañero.”
El hombre se marchó sin decirme nada más. Solo un gesto, como indicando que hiciese lo que creyera conveniente. Después de la charla, me reuní con Iyo en la taberna del Artista. Me estaba maldiciendo y con razón, así que esperé a que acabase. El hombre de la barra parecía cansado de que la gente le contara sus penas y le decía que era mal de amores.
“¡Muchas gracias, Glenna!” Fue lo primero que dijo cuando me vio.
“¿Has acabado ya de maldecirme?” Le pregunté. Cuando me dijo que sí, le dije lo que me dijo a mí el friki sectario del conocimiento. “Mira, ese friki sectario no te expulsó realmente de la orden. Es un castigo y para que nos perdonen, tenemos que aportar conocimientos a la biblioteca.”
“¡No le llames friki sectario!”
“¡Es que lo es!” Protesté. “Oye, podemos capturar un azotamentes para que investiguen y experimenten con él lo que quieran. No sé, sus puntos fuertes y débiles...y mil chorradas que se les ocurran.”
“¿De verdad crees que va a servir uno muerto? Necesitan el cerebro para vivir y esas cosas...”
“A ver...si lo llevamos vivo, seguramente se los cepille a todos aunque...sería un problema menos.”
“Bueno. De todas formas hay que matar a esa cosa.”
“Pero dijo que donde hay uno, puede haber más.”
“Pues por eso mismo. Porque si matamos a uno, los demás verán que en esta ciudad hay peligro. Y que no van a tenerlo fácil.”
Cuando nos íbamos, vi a alguien que me era muy familiar. No me quitaba los ojos de encima y no disimulaba. Lo he visto en otro lado, en un callejón oscuro. Me llevé la mano a la sien, empezó a dolerme. El tío que me llevó prisionera a la mazmorra donde conocí al dracónido.
Salimos por patas después de hacerme la tonta fingiendo que no le conocía y que me había confundido de persona. Nos escondimos en casa de Iyo. Un sitio muy mono y acogedor. Dos plantas, todo ordenado. Una buena mesa de comedor y la cocina abierta. Una oficina con muchos papeles y tintero...estudia mucho. Tengo que arreglar esta cagada. No se la merece.
“Oye. Ese tío de la taberna es el que me llevó prisionera a la mazmorra donde conocí a tu amigo. He querido partirle las piernas, pero creo que ya te he causado bastantes problemas. Aquí, te conoce mucha gente.”
“¡Menos mal, una buena decisión!”
“Podemos capturar al tío y que lo interroguen todo lo que quieran.” Ignoré lo que dijo. No era momento de pelearse y, además, estoy llena de buenas decisiones.
“Pero habrá que entregarlo a las autoridades.”
“Bueno. Eso cuando el friki sectario se haya hartado de sonsacarle lo que quiera. Para cogerle vivo, tengo esto.” Le enseñé el culillo de poción adormecedora fuerte que recogí en el prostíbulo cuando fuimos a buscar las armas de Lehdy.
“Es muy poco. No haremos nada. Pero igual puedo saber de qué está hecha y replicarla.”
No lo consiguió. Había poco y estaba un poco seco. Así que me acordé del alquimista inútil. Quizá, al ser una poción y no un monstruo, podría ayudarnos. Iyo decidió salir solo para buscarle. En esta ciudad no hay muchos tabaxi, sí los suficientes, pero alguien con buena memoria, se acordaría de mí. Lo que os he dicho...son unos racistas. No me gusta estar aquí.
Me quedé sola en su casa. Así que me dispuse a defender el fuerte. Tengo que conseguir que al menos, le perdonen a él. Supongo que, si lo consigo, tendré que olvidarme de llevarme algún libro con pan de oro...
El alto elfo fue a visitar al alquimista. El recorrido fue en principio tranquilo, sin sobresaltos ni contratiempos. Conseguimos lo que queríamos, logró replicar la poción por 150 piezas de oro.
“Luego se lo diré a Glenna.”
Mientras, yo estaba en casa, cerca de la puerta del jardín. Escuché una azada, como si alguien trabajase la tierra. Después, un golpe seco, como si algo cayera al suelo. Se me aceleró el pulso.
“Sube por la pared.” Me dije mientras subía a la segunda planta con la espada en la mano. Iyo llamaría a la puerta con una contraseña y, además, se había llevado la llave.
Llamó a la puerta. Pero no podía volver. Si regresaba, quien fuera que estaba escalando, entraría.
“Se ha parado.”
“Mira, he conseguido la poción. Son 150 oros así que...”
“Espera...sube alguien por la pared.”
No nos pudimos alegrar porque rápidamente nos atacaron. A Iyo le siguieron hasta casa. Y nos atacaron nuestro objetivo y otro tío más. Como había subido la escalera sigilosamente y no parecían haberme visto ni oído, pude mantener el factor sorpresa. Por lo que me acerqué al tío que entró por la ventana furtivamente. Era como cazar. No le dio tiempo ni de verme.
Por otro lado, Iyo parecía tener más problemas. El tipo le agarró y la mano empezó a ponerse oscura. Parecía que le dolía mucho. Disparé una flecha desde mi posición impactando en el hombro del enemigo, que soltó al elfo al instante. Furioso, se acercó a mí. Invocó un arma que se situó a mis espaldas. Estaba rodeada.
Pero no por mucho tiempo. Por suerte, tengo bastantes buenos reflejos. Sé que pueden traicionarme en cualquier momento, pero logré ponerme detrás de él y atacarle. Cuando tuve la oportunidad, lo dejé KO con un golpe de la empuñadura de mi espada.
“Glenna.” Oí que me llamaba Iyo. “Toma, una poción fuerte.”
“Creo que la necesitas más que yo.”
“Sí...tienes razón.”
Me alegró ver que estaba bien. Convertimos al tío en nuestro prisionero. Ahora, quedaba hacer lo correcto y llevarlo delante del friki sectario para ver si así, conseguía que perdonasen a Iyo.
