LA ISLA DE TESERA (Parte 1)

22-5-2022

Personajes:

Medea hechicera tiefling- Yo

Mako pícaro kobold- Aaron

Encarni orco bárbara- Eva

Darmani enano paladín/clérigo- Sara

LA ISLA DE TESERA

Estábamos en un barco de camino a Tesera, una isla agrícola con nobleza latifundista. En definitiva, se maneja dinero.

Tres cuartas partes de la zona occidental donde nos encontrábamos antes de zarpar estaba ocupada por piratas, se trata de un puerto franco por lo que seguridad, hace la vista gorda.

Tesera, es famosa por sus cuevas y cavernas, llenas de pinturas de una civilización desconocida. Se dice que en el corazón de la isla, se esconde el tesoro de un dragón.

“Quiero ser un dragón.” Se quejó un kobold cruzándose de brazos.

“Primero, tienes que comerte las verduras.”

Antes de ir al puerto, días previos a comenzar la aventura, empecé a sentir una llamada. No era la primera vez y sabía que no sería la última. Además, siempre he tenido la sensación de que alguien me observa. La habitación se llenó de bruma grisácea desde el suelo hasta mis tobillos, una niebla gris y ondulante.

“Esto empeora.” Me dije a mí misma. Dos rubíes flotaban cerca de mi cabeza, y a través del espejo, vi a alguien materializarse detrás de mí. Apoyó sus manos en mis hombros, de piel rojiza en comparación a la mía.

“¿Padre? ¿eres tú?” pregunté un poco confusa. Algo me decía que no lo era exactamente, pero no pude evitarlo.

“Asmodeo.” Respondió. “No soy tu padre exactamente pero...casi.”

Me habló de mi ascendencia. Del hecho de que pueda usar magia clerical siendo una tiefling. Al parecer, desciendo de una mezcla de sangre de ángel y demonio. Mi antepasada, era una mujer angelical y tengo su sangre en mis venas. Así que, he acabado con el don de poder utilizar magia sanadora cuando lo normal en mi raza es no poder hacerla. Mi “padre” me pidió que buscara a aquel ángel, a su esposa. Me dijo, que ella era su único pecado pero no parecía arrepentirse. Y gracias a ellos, yo estoy aquí. Así que acepté la misión de dirigirme al abismo y traerla de vuelta.

“Se ha visto un portal en Tesera que podría conducir al abismo. Te daré lo que necesites para llegar hasta allí. Dinero, barcos, gente...”

Lejos, en el puerto, el kobold y la mujer orco miraban de subir a un barco. Estaban entre dos. Uno destartalado y otro, militar. Seguramente escogerían con sabiduría, los pícaros tienen muy buen ojo para este tipo de cosas: calar a la gente, distinguir tipos de barcos, entienden muy bien gestos que para otros, nos pueden parecer normales.

“Hay un barco militar y otro hecho caldo.” Señaló el kobold a su compañera.

“¿Pero?” preguntó la mujer de 2m. Era bastante guapa. Pelo azul en un peinado muy moderno, piel verde y un cuerpo esbelto con proporciones generosas. Además de que se veía con buena musculatura, atlética y en buena forma.

“No me acaban de...seguro que los militares nos  trincan. Vamos a por el otro.”

“Papá...líbrame del mal.” Le pedí al ver a aquellos dos tomando una muy mala decisión. “¿Esta es la gente que me envías?”

“El mal, llama al mal.” Respondió.

“Sí, ya lo sé...pero...”

“¿Qué quieres que te diga?” empezó a reír.

“No me dijiste nada de letra pequeña cuando acepté la misión...en fin.”

La mujer orco, se dio cuenta de que los hombres con los que trataba su pequeño compañero no eran trigo limpio y, para desilusión de la criatura, probaron con los militares. No estaban en mejores condiciones que los primeros pero no tenían pinta de piratas. Al menos, iban visiblemente armados. Vi que la orco llevaba al kobold delante de ella. Una pareja muy extraña.

“Oh...debe de ser el barco que dijo mi padre.”

Me acerqué a ellos preguntando por el kobold, me parecía monísimo. Me pedía ayuda en voz baja diciéndome que aquella mujer lo había secuestrado, que no lo dejaba en paz.

“Perdón pero...este kobold me está diciendo que lo has secuestrado.”

“¡Qué va!”protestó la mujer “¡lo ayudé en el bosque y desde entonces, viajamos juntos!”

“Bueno, eh...que... ¿qué hacéis aquí?” Quise cambiar de tema. El kobold me volvió a pedir socorro.

“Mi hijo quiere aventuras y yo, lo acompaño.”

“Tu hij...este...tengo algo que proponeros, ya que queréis aventuras.”

“¿El qué?” preguntó el kobold bajándose las googles levemente y mostrando interés por lo que tenía que decir.

“Tengo que ir a la isla de Tesera. Dicen...que allí hay tesoros...”

“¿Necesitas dinero?” me preguntó amablemente la mujer.

“N-no, yo...”

“Si tienes hambre, puedo cazar algo.” Se ofreció.

“N-no...bueno, eso estaría bien...eh, no...escuchad...” Padre...acabé quejándome.

“Eso no es nada comparado con lo que pasé con tu madre embarazada, cariño. Así que no te quejes tanto que tampoco estás tan mal.”

Suspiré resignada. No tenía otra opción. Así que me acerqué al barco militar acompañada del kobold y la mujer orco. Nos preguntaron qué queríamos y me hice un poco la damisela:

“Quiero ir a Tesela...y dicen que el mar es muy peligroso, yo sola no voy a poder con los monstruos...y pensé que quizá, los militares podrían ayudarme...no pido que me dejéis allí, solo con que sea cerca...”

“Hacemos escala en Tesera, sí. Pero dejad que hable con mi jefe.”

Pasada media hora, se acercó un dracónido con bastantes problemas físicos. Claramente había estado metido en cientos de batallas. Llevaba un ojo de cristal y una pierna prostética, igual que el brazo de la mujer orco. De escamas lilas y un uniforme que le quedaba bastante bien.

“Buenos días. ¿Por qué debería subir a vuesas mercedes al barco?”

“Verás...eh...me llamo Medea, estos dos son mis sirvientes. Quiero ir a Tesera, y no lo conseguiré sola.”

“Lo que me faltaba. Una orco que me secuestra y una tiefling que me esclaviza. ¿Qué hecho para merecer esto?”

“¿Eres hija de alguna familia noble? ¿os manda el gobierno?”

“Verás...” empezó la mujer orco. “Viene de una familia noble muy importante pero no lo puede decir porque si la descubren, empezarán a perseguirla. Debe ir a Tesera para buscar a una mujer que...”

Tras un tira y afloja, y una demostración bastante racista por parte del capitán, nos dimos por vencidos y probamos con el barco pirata. Tras discutir con uno de ellos que cargaba vino, fue en busca de su capitán. Un humanoide con rasgos de tiburón. Tenía el torso descubierto y marcas de haber sobrevivido a cientos de batallas. Mucho más curtido que el capitán del barco militar.

“Caray” susurré. Nunca había visto a uno de estos.

“¿Sois los que dais por culo con querer subir a un barco?” preguntó sin tapujos.

“Sí” Respondió el kobold colocándose las googles y cruzándose de brazos, levantando la barbilla.

Tras llegar a un acuerdo más unilateral que bilateral porque la orco no nos dejó tiempo para pensar a su compañero y a mí, decidieron dejarnos subir. A cambio, ayudaríamos a cargar y descargar sin hacer ninguna pregunta. Tan pronto como subimos, la mujer orco pareció ligar con un hombre de su especie. Pero ella, estaba ocupada con otras cosas, disfrutaba del sol hasta que él, rompió su tranquilidad. No se lo tomó demasiado bien. Vi que su compañero se me acercaba.

“Va a haber espectáculo.” Me susurró.

“¿No deberías decirle que pare antes de que nos tiren al mar?”

“Ni de coña. Tiene una mala hostia terrible.”

El capitán nos metió bronca y dijo que no quería tener problemas en su tripulación. El kobold le dijo que sus hombres podían dejar a su compañera en paz, pero le respondió que sus hombres eran tan libres como ella. Así que la pequeña criatura no insistió más. Que pasara lo que tuviera que pasar.

Mientras, yo estaba en un rincón del barco soltando maldiciones e improperios en varias lenguas. Pero cuando vino el kobold, carraspeé y cambié de humor. No quería que me viera con los cables cruzados, no es apropiado. Se presentó como Mako.

“Medea.” Le sonreí.

“Me gusta tu nombre...suena a...Menea.”

Recogí a Mako para llevarlo con su compañera, que se presentó como Encarni.

“Te has dejado esto.”

“¡Joder, solo quería ser simpático! Romper el hielo...”

“Pues a la próxima...no hagas bromas con el nombre de alguien que acabas de conocer.” Le dije armándome de paciencia.

“Yo, me llamo Mako, que suena como...manco.”

“Oye. ¿Qué haces viajando con una orco? Es raro. Aunque creo recordar que me has dicho que te secuestró.”

“La cosa está en que me ve como a un mocoso. Pero hace años que soy mayor de edad.”

“¿Eres mayor de edad? Lo siento...no sé mucho sobre kobolds. No sois muy habituales.”

“Pues sí, soy mayor de edad...y tengo partes de dragón.”

“Yo...los dragones los tenía más...” levanté la mano. “Y tú, eres...”

“¿Cómo?” me retó.

“Pequeñito...”

“Soy pequeño pero fuerte. El tamaño no importa.”

De repente, un pulpo gigante atacó la cubierta. Mako fue el primero en reaccionar disparándole un virote de su ballesta hacia el ojo, haciendo que este reventara y saliera disparada una substancia gelatinosa. Después, continué atacando al monstruo con un hechizo de proyectiles mágicos. Un proyectil que se divide en seis cuando está llegando al objetivo. Le hice mucho daño, pero se acercó a Mako, furioso. Atacó al kobold y lo atrapó con uno de sus tentáculos.

“¡MAKO!” grito Encarni.

Vi al capitán atacando al pulpo, ayudándonos a combatir. Le golpeó con el hacha combatiendo más o menos como la orco. Mientras, Mako intentaba liberarse del tentáculo sin éxito. Disparé un rayo de fuego que se dividió en seis, provocándole un gran dolor. Soltó a Mako, que fue a parar al agua y yo, fui golpeada con tanta fuerza por el pulpo, que incluso hizo un destrozo en la cubierta. Lo último que vi antes de caer inconsciente, fue al monstruo arder.

Mako intentaba nadar pero no lo conseguía. La marea lo arrastraba. Cuando Encarni y el capitán mataron al pulpo, la orco salvó a su “hijo”. Después, empecé a abrir los ojos y vi al kobold, que me sostenía entre sus brazos. Bueno, o como podía.

“Te vi caer al agua... ¿estás bien?”

“Regresé de las aguas para salvarte.” Bromeó.

“Gracias por rebuscar entre mis cosas...¡tu madre no lo hizo!” la señalé.

“¿¡Cómo lo sabes!? ¡a lo mejor sí que lo hice!”

“¡Porque estaba inconsciente y respiraba, me enteraba de todo!”

El capitán nos dio la bienvenida a la Concha Escarlata después de haber combatido con el pulpo gigante. Nos dijo que ahora formábamos parte de la tripulación. Habíamos demostrado ser valientes y solo los valientes podían formar parte de ellos.

Después, entre Encarni y otros piratas, prepararon el pulpo para comer. No lo cogieron todo, obviamente. Pero íbamos a tener pulpo para comer durante días...qué horror.