LA ISLA DE TESERA (Parte 3)
Nos quedamos sin interrogar al que quedaba vivo porque a Mako no se le ocurrió otra cosa que matarlo. Mientras él y Encarni discutían, fui con Darmani a echar un vistazo por el lugar. Luego, él fue a buscar más información. Me acerqué a los presos maniatados.
“Habla tú con ellos.” Me pidió el paladín. “Se fiarán más de ti que de un enano con barba, escudo y un lucero del alba ensangrentado.”
Mientras Mako exploraba por otro lado, encontró unas monedas de oro, cartas de correspondencia y un objeto que no quiso enseñarnos. Una de las cartas pedía más esclavos para la reina a cambio de información sobre los tesoros de la isla.
“¿Qué has encontrado?” pregunté.
“¿Dónde estamos?” intervino Encarni.
“Estamos en una esplanada.” Respondió Darmani.
Pregunté a los presos si sabían qué había pasado, por qué estaban ahí. El enano me dijo que los habían dormido, no estaban graves, pero usaron un somnífero potente. Neutralizó el veneno y logró espabilar a dos.
“A ver, ¿qué ha pasado?” preguntó.
“Acabé mi jornada en los barcos. Lo último que recuerdo es que me invitaban a beber en la taberna.”
Son gente estibadora de la capital que vinieron a ganarse la vida. Ayudan a mercantes que estén dispuestos a pagar por su trabajo.
“¿No recuerdan a nadie sospechoso? Una cara conocida…” continuó el enano.
“No creo. Los han dormido a todos.” Recordé.
“Está claro. Los dejaron piripi y los trajeron para llevárselos. Desátalos, Medea. Ya han pasado por muchas cosas.”
“¡Decid que un kobold os ha salvado!”
“Cómo cambian los tiempos…” Dijo uno de los prisioneros en tono pensativo.
Mako se fue a beber algo. Encarni, se marchó con el kobold, pero al final, decidí unirme a ellos.
Con Darmani…
“¡Bibliotecario! Tenemos problemas.” Exclamó. “Hay sectarios de Vecna por la zona y han traído humanos para las hormigas que viven por aquí.”
“Por eso la gente desaparece…” Respondió pensativo el elfo.
“Acabaron de un cañonazo con mi compañera hechicera, de un golpe. Son peligrosos, si aparecen más, estamos jodidos.”
Mientras, en la taberna, los estibadores se acercaron a Mako y a Encarni para invitarles.
De nuevo, con Darmani y el librero…
“Investigaré los barcos cuando lleguen. Quizá… ¿en qué barco vinisteis?”
“En el barco del dracónido con el brazo de metal. Me dio esto.” Mostró un anillo con un símbolo de dragón. “Lo llevo oculto, ¿debería preocuparme?”
“Aquí, no.”
“Me preocupan los chantajes que puedan hacerme.” Se preocupó Darmani.
El enano recordó que los dos capitanes estaban enemistados, pero al parecer, solo en alta mar.
“Se consiguen lo que el otro no puede.” Aclaró el paladín.
Mientras tanto, en la taberna, yo decidí seguir preguntando por Vecna pero al parecer, Encarni tenía más posibilidades que yo y, la verdad, me dio mucha rabia. ¿Por qué ella sí y yo no? Pero, sin darme cuenta, pronto estuve rodeada de babosos comiendo de mi mano. Uno de ellos, sin embargo, sí que estaba por la labor. Me dijo que sí había visto algo por los alrededores, pero nadie lo creía. Diría que es la gente que buscamos.
Miré un momento a Encarni que parecía estar pasándoselo bien con el capi. Hablaba de lo ocurrido en el rescate de los rehenes. Se llevó la cerveza a los labios de manera bastante interesante. Lo está llevando bien.
“¿Hay algo más?” preguntó la mujer orco después de que le hablara de todo lo que sabía.
“No. Muere gente siempre…hemos hecho un pacto, recuérdalo. Vamos en el mismo barco.”
Abrí mucho los ojos cuando vi que nuestra bárbara se llevaba al capitán escalera arriba. Tiene cosas que contarme más tarde. Darmani, que ya había vuelto, se llevó la mano a la frente intuyendo que no acabaría bien.
Estuve cotilleando con Encarni sobre su aventura con el tiburón cuando regresó, pero por desgracia no llegó a buen puerto la muy tonta. Pero contó cosas interesantes y me sacó de dudas, sí, los tiburones tienen dos…cuando se quejó de mis supuestos ligues, le enseñé todo lo que me habían regalado. Me sentí un poco bruja.
Darmani por su lado, parecía estar ideando algo. Estaba concentrado. Mako consiguió una poción de curación gratis, pero me habría gustado saber cómo. Creo que se cameló al tendero.
Cuando volvimos a la esplanada vimos que las tiendas ya no estaban. Mako y Darmani fueron a investigar los rastros. Encontraron huellas más pequeñas que las de un kobold. Fueron a las casetas y volvieron.
“Eso son huellas de hormiga obrera.” Afirmó Darmani.
“¿Habéis encontrado algo?” pregunté.
“Huellas de hormigas como las que te dije. Son bichos inteligentes y sintientes.”
“Así que tienen miedo.” Concluyó Mako.
“Si sienten, tienen miedo, se pueden intimidar. ¡PUEDO INTIMIDAR HORMIGAS!”
“Puedo volar la cueva.” Propuse.
“Recuerda que hay un tesoro.” Me recordó Mako.
“Pero no me int…bueno, va. ¿Por qué no?”
“Mi niño quiere un tesoro e iremos a por él.” Sentenció Encarni.
“Vale. Y por el camino, me cuentas más cosas.”
“¿Del tesoro?” me preguntó el kobold.
“Ya te digo yo que no.” Respondió el paladín.
Llegamos a unas construcciones perfectamente hechas de madera y piedra con patrones simétricos y muy bien hechos.
“Es el paraíso de gente con TOC. Tan perfecto y simétrico…” Observé distraídamente.
“No tiene sentido.” Dijo el enano. “La mampostería es reciente.”
Pinturas rupestres de gente huyendo y la imagen de un dragón.
“¿Sabes qué es?” preguntó Encarni al enano.
“Una pintura.” Intervino Mako.
“¡No jodas, Sherlock!” respondió Darmani.
